Por: Iván Mejía Álvarez

Sir Álex

Durante 27 años al frente del banquillo técnico del Manchester United, sir Álex Ferguson enseñó algo fundamental a sus dirigidos: lo único importante en el juego es ganar.

Cualquiera podría decir que es la filosofía de un “resultadista” a ultranza, pero no es así, porque pese a que el destino final del viaje es el mismo que todos quieren lograr cuando juegan, entrenan o simplemente miran (todos queremos siempre ganar), para sir Álex el tema eran la forma y los métodos, lo cual lo aleja de aquellos mañosos y tramposos que han convertido la competencia en territorio sin leyes.

Ferguson partía de una premisa fundamental en la que siempre hizo especial hincapié: son los pequeños detalles de concentración los que hacen a los campeones. Cuando United fue a jugar la final de la Champions contra el Barcelona en Wembley —también la jugó en Roma y perdió en las dos ocasiones—, les planteó a sus jugadores los caminos para ganar esa final. Y después, una vez derrotado por la máquina blaugrana, Ferguson reconoció que hubo una jugada que marcó el partido. Opción inglesa, parada de Valdez y contragolpe del Barcelona en la que Xavi pidió la pelota y le hizo señas a su equipo para recomponer las posiciones en la cancha. Dice Ferguson que la falta de concentración de su equipo en atender los movimientos del rival fue la clave del partido. Afirmó que si hubieran estado atentos, concentrados, metidos en el juego, habrían entendido el partido y no habría sido el paseo catalán que al final de cuentas fue.

Ferguson demostró durante todos estos años en el Manchester que los técnicos ganan y pierden y que los dirigentes deben de tener una paciencia a prueba de toda resistencia. No se vaya a creer que siempre ganó y ganó; también tuvo derrotas, malos partidos, cometió errores, se equivocó en contrataciones, pero al final le daban la revancha y el escocés aprovechaba las segundas instancias.

Sir Álex construyó su leyenda con ojo avizor, determinación y seguridad. Encontró tesoros como Cristiano Ronaldo en el Sporting y el francés Cantona, y tuvo sus lugartenientes favoritos en Ryan Giggs y en Paul Scholles. Mezcló juventud y veteranía, mudó los esquemas, apeló a muchas fórmulas. Los jugadores siempre fueron más importantes que la ecuación numérica del módulo. Supo manejar vestuarios conflictivos por el carácter y el ego de sus dirigidos, pero siempre salió avante con su arrolladora personalidad.

Se va , y entre chicle y chicle debe pensar que su nombre pertenece al Olimpo de los grandes del fútbol mundial. Qué falta hará verlo masticando en los partidos del United...

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