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Augusto Trujillo Muñoz 28 Feb 2013 - 11:00 pm

¿Para qué sirven los ministros? (I)

Augusto Trujillo Muñoz

Los ministros son –deben ser- para gobernar, es decir, para usar la imaginación creativa, garantizar equilibrios entre intereses opuestos –cuando son legítimos- y formular soluciones.

Por: Augusto Trujillo Muñoz
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Gobernar no es ajustar la realidad a la teoría, ni la ética a la política, sino al revés. Gobernar bien también es dialogar con la gente

El mundo atraviesa por una crisis no sólo de valores sino de paradigmas. Quizás por eso privilegia la política sobre la ética, la teoría sobre la realidad, la ideología sobre la democracia. Eso se desdobla en prácticas que gobernantes y dirigentes aplican por encima de la vocación de servicio propia de la actividad pública.

Todavía se recuerda el “memorando confidencial con sugerencias para resolver la crisis fiscal”, que el ministro de Salud publicó después de encontrarlo “fortuitamente” en un aeropuerto. Allí dice que los miembros más viejos de la sociedad son desechables: “Los mayores de ochenta años deberían vivir por su cuenta y riesgo”, pues la justicia intergeneracional supone que los jóvenes no deben pagar un peso por su sostenimiento.

No tengo claro si el ministro comparte la tesis. Pero forma parte de una tendencia para la cual las respuestas definitivas no las tienen las instituciones, ni la gente sino el mercado, cuyos dictados son indiscutibles. Por lo tanto aquellas deben estar al servicio de éste. Lo que sí tengo claro es que, con esa tesis, no se necesitan Estado ni ministros. Basta con el mercado y unos administradores de datos.

Hace poco se produjo la devaluación de la moneda venezolana. De inmediato surgieron temores por el incremento del contrabando y el efecto negativo sobre las exportaciones. En Cúcuta el gobierno regional pensó en la posibilidad de solicitar una declaratoria de emergencia económica. El ministro de Hacienda viajó a Cúcuta y habló con sus funcionarios, pero no dialogó con la gente. Al parecer hoy ocurre lo mismo con el ministro de Agricultura frente al paro de los cafeteros y con el del Interior frente a la situación de orden público que aquel ha generado. Gobernar supone diálogo porque de él pueden surgir acuerdos o, al menos, persuasiones.

Hace dos semanas en Honda, el río Gualí casi destruyó por completo el ya averiado puente López. La sociedad civil, a través de sus voceros locales, lo había advertido y el propio presidente Santos, en visita a Honda, prometió la intervención de su gobierno. La ministra de Transporte, directivos de Invías y de la oficina de desastres visitaron la zona, para inspeccionar obras varias.

La ministra pasó de largo hacia La Dorada. No se detuvo en Honda pues quería eludir a la comunidad. Por supuesto, eso no es gobernar. Al parecer, una intervención del ex presidente Samper, por cuyas venas corre sangre de próceres hondanos, logró que una orden directa del Palacio de Nariño hiciera devolver a la ministra para atender la emergencia. Semejante conducta contraría de plano la idea de gobernar. Si los ministros no gobiernan, ¿para qué sirven?

*Ex senador, profesor universitario, [email protected]

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