Por: José Manuel Restrepo

Sobre el sistema de educación terciaria

Un informe reciente del World Economic Forum y el lanzamiento de su informe latinoamericano de innovación, emprendimiento, ciencia y tecnología realizado en Bogotá la semana pasada ponen de presente una preocupación central respecto al futuro competitivo y en productividad de la región.

Se trata de la presentación de los resultados de los esfuerzos que están realizando estas naciones en por lo menos cuatro frentes: la innovación, los avances en tecnología, la educación, el entrenamiento y su pertinencia y la infraestructura.

Sin embargo, de dichos frentes hay dos que merecen especial atención, según el informe de WEF, a saber: el desarrollo de competencias (entrenamiento especializado) y los avances en la innovación propiamente dicha. Cuando el análisis se centra en Colombia se vuelven críticos asuntos como la baja inversión en investigación y desarrollo, la muy precaria participación del sector privado en ciencia, tecnología e innovación, el hecho de que nuestro país parece tener una pirámide invertida en la que se le da muy poca atención a la formación técnica y tecnológica, la desarticulación entre las competencias que requiere el sector productivo y las que se ofrecen en el país a través del entrenamiento especializado y, finalmente, el bajo nivel de atención a identificar y formar las competencias requeridas para la innovación en el sector educativo (lo que se ha llamado educar para innovar e innovar en la educación).

Todo lo anterior realmente ha sido sobrediagnosticado en nuestro país y buena parte de esas mismas conclusiones reposan en los trabajos de distintos actores del Gobierno, entes especializados en ciencia y tecnología, y el propio Consejo Privado de Competitividad.

Particularmente, en el tema educativo, en distintos escenarios se afirma con frecuencia que la educación en competencias que reciben nuestros jóvenes no les sirven a los empleadores (estudios en nuestro país indican que más del 50% de las competencias de los empleados que reciben los empleadores son insuficientes) y que las empresas mismas contribuyen muy poco a reflexionar sobre las necesidades de formación de mediano y largo plazo. Para muchos, dichas empresas adolecen de un problema de miopía en su visión de largo plazo respecto al talento que necesitan. Estos dos hechos parecen explicar el problema que enfrentamos.

Concentrándonos en el sistema de educación superior, también muy poca atención se les ha dado a las instituciones técnicas y tecnológicas, que representan tan sólo el 30% de las instituciones del sistema (contra 70% en muchos países desarrollados). Peor aún es la atención que le da el sistema educativo a la educación para el trabajo y el desarrollo humano, que hace referencia a esos cursos que ve uno ofertados con frecuencia en distintos institutos de toda índole en el país. La falta de control en esto último explica por qué pululan ofertas muy pobres de capacitación, con ausencia de controles de calidad y que se convierten en negocios particulares con muy bajo nivel de pertinencia y aplicabilidad. Aquí hay, pues, una razón que explica la brecha que ha identificado el servicio público de empleo en Colombia.

Un camino eficaz para ordenar, evaluar y gestionar lo anterior, y que surgió en el Plan Nacional de Desarrollo y merece ser destacado, es la propuesta de crear el Sistema Nacional Terciario de Educación, de momento presentado como un marco de política pública.

Lo que sigue es lo más importante, esto es, traducir esa política a programas que, por ejemplo, rompan con esa idea de pirámide, según la cual las instituciones técnicas aspiren a transformarse en instituciones universitarias o universidades, por el bajo nivel de reconocimiento de las primeras, y la cual termina bajándole la calidad y pertinencia al sistema educativo en su conjunto.

Sigue también, ojalá, una reflexión madura y profunda del marco nacional de cualificaciones, que definirá entre el sector educativo y el empleador las competencias que requiere el país en su sistema terciario, tal como lo han desarrollado las naciones más avanzadas en dicho sistema en el mundo.

Una sugerencia final es que estos avances se realicen con una mirada de largo plazo respecto a lo que necesitará el país en su desarrollo futuro, con actitudes menos miopes y con una visión del tipo de nación productiva y competitiva que queremos tener.

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