Por: José Roberto Acosta

Sofía Vergara, salve usted a Isagén

Ya que ni el poder Legislativo con el 80% de senadores pudo frenar la venta de Isagén, ni el poder Judicial se pronuncia respecto a las controversias jurídicas alrededor de tan inconveniente expropiación de lo público, no queda más que apelar a la mujer colombiana más influyente en el mundo: Sofía Vergara.
 
Triste realidad que las vías institucionales sean pisoteadas por el poder Ejecutivo del Estado, y cínicamente haga oídos sordos a los argumentos jurídicos, financieros, técnicos, ambientales y políticos de la mayoría de los colombianos, que por 25 años han levantado una ejemplar empresa, que en manos de lo público sólo garantizaba más desarrollo y beneficios económicos. Triste que el tema haya sido manejado con mentiras oprobiosas y silencios cómplices. Triste que, por encima de las instituciones y división de poderes, se erija un Estado mediático, sólo de imagen. Por eso tal vez un pronunciamiento de Vergara en contra de esta usurpación de lo público sí sea escuchado, pues está demostrado que la farándula pesa más que las razones y argumentos en nuestra política.
 
Han sido muchas las voces calificadas que desde diversas orillas han dejado claro el error histórico que se pretende consumar el 19 de mayo, mientras que los defensores de la venta no fueron del todo transparentes al ocultar sus intereses particulares, como el caso de exministro Guillermo Perry, actualmente miembro de la junta directiva de la Financiera de Desarrollo Nacional, que se beneficiará como receptora de los recursos de la venta de Isagén, o el caso del también exministro Jorge Humberto Botero, nombrado en junta por el actual Gobierno, en abierto conflicto de interés con sus apreciaciones de privatización. En países serios o de la OCDE, cada uno de ellos hubiera tenido que revelar el interés personal de sus argumentos.
 
El último recurso en defensa de Isagén fue hundido con el liderazgo del senador conservador Efraín Cepeda, en la Comisión de Conciliación del cuestionado PND. Y los colombianos de a pie callados, amansados por las urgencias del día a día. Por lo menos Gas Natural Fenosa tuvo la delicadeza de retirarse de la puja y no hacer parte de un espectáculo que nuestros hijos y nietos siempre nos reprocharán.
 
 
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