Por: Gonzalo Hernández

¡Somos los más felices del mundo!

Nos invade una fascinación ingenua cuando sale algún reporte que ubica a Colombia como uno de los países más felices del mundo. En lo último que vi por ahí somos segundos, al parecer de acuerdo con el Centro Nacional de Consultoría.

A pesar del bochinche de la prensa nacional, el premio a los más felices tendría que ser recibido en Colombia con culpa. En medio de la pobreza, desigualdad, corrupción, inseguridad, desplazamientos forzados y muerte, los colombianos deberíamos subir al podio con la cabeza baja, avergonzados y con mirada dudosa, como les pasa a los estudiantes mediocres que sospechan que la buena nota de su examen fue cuestión de un error del profesor.

Pero al final, ya está. Con el desconocimiento de lo que ocurre en el resto del mundo: ¡somos muy felices! Quizás es justo y merecido, dicen. Incluso se burlan de la “tragedia” de los países desarrollados que teniéndolo todo son incapaces de ser tan alegres como nosotros. Aparecen las ventajas idiosincráticas de la “patria”: el clima, la comida, los vínculos familiares y, por supuesto, la fiesta. ¿Acaso será que nos preguntan si somos felices entre las 11 de la noche y la 1 de la mañana de los viernes y los sábados?  Si es así, propongo que desde ahora lo hagan los lunes antes de la quincena.

Tal vez no importa. Igual, tarde o temprano, la culpa queda atrás. El optimismo es bien recibido, y el rigor estadístico de las encuestas es lo de menos mientras nos digan lo que queremos escuchar.  Los mismos que califican de patrañas las estadísticas oficiales cuando reportan que el desempleo es del 9 por ciento -porque su sistema personal de estadística les indica que debe ser 20- se sienten ahora tranquilos con el dato de que viven en uno de los países más felices del mundo. Y en términos de credibilidad, basta con que la empresa consultora criolla se presente como miembro de alguna red internacional; así deja de importar la pifia con sus predicciones del Sí ganador del plebiscito.

Para contrastar la información de la semana pasada, vale la pena mirar el reporte mundial de la felicidad. Allí, en lugar de primeros y segundos, estamos en el puesto 31. En los 10 primeros puestos aparecen países que, sin ser tropicales ni reconocidos fiesteros, tienen altos niveles de ingreso per cápita y bajos niveles de desigualdad: Dinamarca, Suiza, Islandia, Noruega, Finlandia, Canadá, Holanda, Nueva Zelanda, Australia y Suecia. El aún sorprendente puesto 31 de Colombia hace pensar que el país, abrumado quizás por su tara parroquiana, prefirió asumir una postura payasa que enfrentar su realidad.

Vaya uno a saber si de algo sirven estos índices. Si algo, que sea para inspirarnos a ser como los 10 países punteros, con desarrollo económico y con una sociedad reconciliada, y no como un país esquizofrénico que en medio de la exclusión y de la muerte se declara, con ignorancia y arrogancia, feliz.

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