Por: Hernán Peláez Restrepo

La suerte

Cuando un remate pega en un palo, más de uno exclama ¡qué mala suerte! Sin embargo, cada día la suerte deja de ser excusa para justificar un resultado.

 Es preferible cargarles la mano a los árbitros y más bien se reconocen, en la derrota, la entrega, el espíritu de lucha y otros factores distintos a la suerte.

Para no utilizar la tal palabra, prefiero decir, de buenas los técnicos que tienen jugadores que marcan diferencia. Por ejemplo, en esta jornada, Soria, el del Cúcuta, consiguió el mejor gol y de gran factura, venciendo al arquero del Tolima con un remate que quizás iba con intención de centro y se coló espectacularmente sobre el arquero. En ese mismo partido, en el último suspiro, Stiven Mendoza localizó los tres puntos, en un juego intenso y vibrante. Y Mendoza, en fecha anterior, también había conseguido el triunfo. De buenas Sanguinetti, el técnico motilón, porque los dos jugadores se salieron del común y sostuvieron el primer puesto.

De buenas Wilson Gutiérrez, porque cuenta con Ómar Pérez, Arias y Medina. Entre los tres superaron al Cali, muy guerrero, fogoso, pero carente de juego en profundidad, porque el gol de Bryan Perea fue un obsequio de Camilo Vargas, flojo de manos en dos ocasiones.

De buenas estuvieron Alexis García y Juan Carlos Osorio. De buenas, porque en el punto penal y en el último suspiro, el cobrador del tiro del Huila le obsequió un remate digno de un estudiante de escuela a Viera y así, el Júnior consiguió un empate. Osorio, también en el último instante, vio como el veterano Giovanny García desperdiciaba el 4 a 3 para Patriotas. Increíble que jugadores profesionales se atortolen y desperdicien esas opciones. Así que Alexis y Osorio estuvieron de buenas, no por lo realizado en sus equipos, sino por los desaciertos de los rivales.

El problema no es mala ni buena suerte, es falta de concentración en la mayoría de los jugadores y la escasa precisión para los pases. Además, seguimos viendo es un festival de tarjetas, muchas merecidas y otras porque sí. Es triste saber que en un partido de la categoría B, entre América y Bucaramanga, el árbitro señaló 14 tarjetas. Es buen negocio para la Dimayor seguramente, aunque para el espectáculo es parar, amonestar, protestar unos, pedir explicaciones otros, apuntar en la tarjeta y reinicie después de una interrupción, donde el ritmo se pierde. Pero diría Jesurún, primero el negocio, después el balón. Este señor sí es de buenas, todos los lunes amanecen las cuentas por cobrar más gruesas.

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