Por: Ramiro Bejarano Guzmán

La suerte ingrata de una magistrada

ME ALCANZO A IMAGINAR EL CALVArio que ha sido para la doctora Ruth Marina Díaz el ejercicio de la presidencia de la Corte Suprema, pues nunca se imaginó que al llegar a tan encumbrada dignidad —que le costó tantos sacrificios y muchas horas de relaciones sociales— iba a tener que estar escondiéndose de los medios.

No hay lugar al que llegue la funcionaria donde el enjambre de periodistas no quiera abordarla para que hable de su crucero al Caribe valiéndose de un permiso. El sueño de una presidencia que le permitiría ser homenajeada en todos los tribunales y exigir ser recibida como jefe de Estado en la escalerilla de los aviones, hoy debe de tener sabor de pesadilla.

Pero la aguerrida periodista Camila Zuluaga tuvo la audacia de poner a hablar esta semana a la doctora Díaz, en un extenso reportaje publicado en este periódico, que suscita inquietudes. Es evidente que la magistrada no se siente aun capaz de enfrentar a varios periodistas al mismo tiempo, apenas de uno en uno.

Lo primero que sorprende es que la cabeza de la jurisdicción ordinaria hoy sostenga que el escándalo en el que ella se vio envuelta por cuenta del uso no ortodoxo de los permisos, obedeció a un intento de desprestigiar a la Corte promovido por “intereses oscuros”. Es decir, la culpa no fue suya, sino de quienes criticaron los excesos. En vez de unas excusas públicas, que habrían tenido un efecto reparador, se sueltan subliminales acusaciones infundadas contra sus críticos.

No hubo una sola mención al penoso episodio del que fueron protagonistas el Gobierno y unos magistrados que le vendieron el alma al diablo auspiciando una reforma a la justicia que les iba a prolongar sus períodos de ocho a 12 años y además la edad de retiro forzoso de 65 a 70 años. Los “intereses oscuros” eran otros, pero claro, la memoria siempre es frágil cuando se trata de enfrentar la verdad.

La presidenta de la Corte, cuando la ponen a hablar del nombramiento de sus colegas magistrados, se va por las ramas. A la contundente pregunta de por qué de un día para otro fue posible nombrar cinco magistrados que no pudieron ser escogidos durante año y medio de votaciones y muchas intrigas, la importante señora simplemente explica que sólo ahora se consiguieron los votos necesarios, eso sí, todos secretos. Lo que se cuidó de no revelar es que con estos últimos nombramientos de nuevos magistrados, el grupo que ella lidera logró excluir de la Corte a abogados litigantes y docentes, para beneficiar la designación de magistrados de tribunales. Y como van las cosas, es casi seguro que esa línea no se alterará en los próximos años, pues nadie se enfrenta a ese poderoso combo que todo lo puede.

Será por eso que sin inmutarse la doctora Ruth Marina expresó que “la rama judicial está sólidamente conformada”, claro, por ella y muchos de sus cercanos. Porque lo que tampoco contó es que hoy en día se ha reformado la Constitución en cuanto a los requisitos para ser magistrado, porque para llegar a tan alto cargo se necesita ser magistrado, y además contar con el visto bueno de ella, Francisco José Ricaurte, Pedro Munar, entre otros. Sin ellos cualquier aspiración cae en el vacío. Son los amos y señores de la justicia ordinaria.

Me resisto a creer que puedan ser ciertos los comentarios reiterados de que la distinguida doctora Ruth Marina no se resignará a colgar la toga apenas salga el próximo año de la Corte Suprema, porque todo indica que desde ya aspira a vestirla de nuevo pero en la Corte Constitucional. Amanecerá y veremos.

Adenda. Insólito que la viuda y los hijos de Pablo Escobar hayan pretendido registrar el nombre del temido narcotraficante como una marca comercial. Es como si los deudos de Hitler o Al Capone hubieren hecho lo mismo. ¡Qué familia!

notasdebuhardilla@hotmail.com

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