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Cartas de los lectores 11 Jul 2013 - 11:00 pm

A lo sumo 35%

Cartas de los lectores

Le señalo un protuberante error en la portada de El Espectador de ayer. Dice el título: “100% colombiano”, cuando en realidad al producto fabricado por Chevrolet le hace falta mucho para ser 100% local. Me explico: le hace falta todo el diseño (que es lo más costoso), el motor, la caja de velocidades, la transmisión y la electrónica, entre muchas otras piezas, que en conjunto suman más de la mitad del carro.

Por: Cartas de los lectores
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Las partes que le relaciono son diseñadas, fabricadas y ensambladas afuera. Acá, además de la buena nueva de estampar las 11 piezas de la carrocería, escasamente logramos el 35% de integración regional en piezas como llantas, baterías, tapizados, vidrios, rines, tubos de escape, es decir, piezas de baja tecnología.

Juan C. Vargas. Bogotá.

La Puerta Falsa

Mi nombre es Sandra Sabogal de Sarmiento y me dirijo a ustedes como una ávida lectora de El Espectador. El día 5 de julio su diario tuvo a bien publicar una nota sobre el restaurante La Puerta Falsa. La nota, sin embargo, sufre de varias inconsistencias y contiene errores de hecho y veracidad.

El artículo sobre el restaurante de mi familia carece de sustancia y le sobra condimento al personaje central de la misma.

La Puerta Falsa no es de Aura Sabogal, como lo insinúa el titular de la nota. Aura no se llama Aura Sabogal. Mi prima se llama Aura Elvira Tolosa Sabogal. Contrario a lo que dice el subtítulo, La Puerta Falsa no es una “especie de patrimonio bogotano”. Es patrimonio de la ciudad.

Asimismo, la nota acentúa el estereotipo de que las matemáticas no son el fuerte de los periodistas, ya que si bien la fecha en que abrió sus puertas La Puerta Falsa es la correcta, el establecimiento no tiene 190 años, como asegura el subtítulo, sino 197.

Más que un restaurante, La Puerta Falsa ha sido un legado de la gastronomía bogotana y lugar de reunión de personas de a pie y personajes distinguidos.

Si la reportera hubiera hecho bien su labor periodística, hubiera hablado con mi padre, Carlos Sabogal, y él le habría corregido mucha información que ella ignoró, no investigó o simplemente descartó para complacer a su única fuente. Tal es el caso que Aura Elvira Tolosa entabló una demanda contra nuestra abuela, Lucila de Sabogal, y llevó a juicio a quien, según la nota, “Me hacia feliz venir de niña y estar con ella por el afecto que le tenía”. Ese amor también la llevó a demandar a esta persona por prestaciones sociales.

Para mi padre, el valor material y la fama no son tan importantes como lo fue, y sigue siendo, la labor de nuestra abuela Lucila, para que en una nota periodística una persona que tanto dolor le causó a nuestra abuela se arrope y se adueñe de este buen nombre y legado.

Sandra Sabogal. Miami.

Envíe sus cartas a [email protected].

 

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