Por: Augusto Trujillo Muñoz

Talante bélico

El siglo xxi –que comenzó con los años noventas- trajo consigo el fin de los autoritarismos y de la sobreideologización. Por eso se intuyó un horizonte de paz.

El colapso del socialismo real significó la apertura de una puerta histórica para ingresar a una nueva época. Sin fascismos en la derecha ni en la izquierda; naturalmente con conflictos, cuyo trámite podría cumplirse a través de debates políticos en lugar de enfrentamientos bélicos; con respeto por las diferencias y con la inclusión del otro. El horizonte se veía muy esperanzador, desde el punto de vista democrático.

A poco andar se oscureció aquel horizonte. Los norteamericanos decidieron asumir el unilateralismo como política de estado e identificaron los intereses de la comunidad internacional con los suyos de gran potencia. Con Bush al frente convirtieron la superada guerra fría en una nueva guerra caliente. En ese sentido, durante su período, el planeta retrocedió décadas enteras.

Muy lejos estaba Bush de sus antecesores que privilegiaron la política sobre la guerra, incluso dentro de su mismo partido. Clinton, por supuesto, entre los demócratas pero también el propio Bush padre, entre los republicanos y, sobre todo, Richard Nixon, cuyo realismo político lo llevó a la China, para hacer negocios y para hacer política. Y claro, Kennedy quien, en medio de la crisis de los misiles, le apostó a la política antes que a la guerra. Ciertamente lograron –en mayor o menor medida- neutralizar el ánimo anti-imperialista que subyacía en buena parte del mundo. Bush, por el contrario, despertó el anti-norteamericanismo dormido.

Ese es un peligro que encierra la eventual victoria electoral de Romney. El candidato republicano ha planteado la tesis de que los Estados Unidos deben asegurar la libertad a través de la fuerza. Para él, su país ha perdido el respeto del mundo y responsabiliza de ello a la política internacional del presidente Obama. Insiste en la visión unilateral y en la idea de que, si es preciso, el respeto debe imponerse por las armas. Pero además las elecciones del próximo martes tienen grandes implicaciones para la política económica que van mucho más allá del presupuesto y los impuestos. Barack Obama y Mitt Romney tiene ideas muy diferentes acerca de la regulación, la política monetaria, el comercio internacional y los mercados de trabajo.

Es inefable. Al presidente de los Estados Unidos lo eligen los gringos, pero gobierna para todos los habitantes del mundo. Por eso no puede resultarle indiferente a ningún ser humano. Romney es vocero de las políticas tradicionales que suscriben los más poderosos, mientras Obama propone cambios, los cuales a veces le han sido vetados por el Congreso. Guantánamo constituye, tal vez, el ejemplo más ilustrativo. Claro, no es tan esquemático. Pero si en la Casa Blanca despacha alguien que todavía ve la guerra como instrumento de política, nadie puede dormir tranquilo en ninguna parte del globo. Los presidentes se eligen para que a través de la política eviten la guerra. De lo contrario bastaría con tener los reyes o los dictadores del pasado. Una guerra hoy, es la solución que se deriva del hecho de no tener ni idea de cómo gobernar.

Ex senador, profesor universitario. [email protected]

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