Por: Armando Montenegro

Temores nucleares

La humanidad ha vuelto a temer,  como en las duras épocas de la Guerra Fría, especialmente en lo más agudo de la crisis de los misiles en Cuba, por la posibilidad de un holocausto nuclear. Como en las peores películas, la paz mundial y buena parte de la suerte de la humanidad dependen de las decisiones de dos personajes extraños, al parecer sin un sentido de la historia y sus responsabilidades: Donald Trump y el dictador norcoreano Kim Jong-un.

No pocos analistas señalaron, en el curso de la pasada campaña presidencial de Estados Unidos, que sería un peligro entregarle el manejo de sus armas atómicas a un ser como Donald Trump. A pesar de ésta y otras advertencias semejantes, el millonario ganó las elecciones y, para la preocupación del mundo entero, tiene en sus manos la capacidad de ordenar el uso de esas armas, terminar con la vida de millones de personas y causar daños irreparables al planeta.

Su contraparte en este pleito es un horrible dictador paranoico, Kim Jong-un, quien, al parecer, está decidido a utilizar, tan pronto como pueda, sus bombas atómicas en contra de los que considera sus enemigos, especialmente Estados Unidos. Corea del Norte tiene, desde hace tiempo, misiles que le permiten atacar con armas nucleares a Japón y Corea del Sur y, además, está acelerando su capacidad de alcanzar la costa oeste de Estados Unidos. Esta es la amenaza que los norteamericanos quieren quitarse de encima.

Los dos líderes entran trenzados en una serie de advertencias y recriminaciones mutuas que han atemorizado al resto del mundo. Y lo peor es que ambos han dado a entender que su estrategia favorita, la que creen que les dará las mayores posibilidades de un triunfo, consiste en atacar primero, de manera preventiva, a su enemigo. Tanto Trump como su vicepresidente lo han venido anunciando en distintos foros y, en lo que respecta al líder norcoreano, ésta es su preferencia estratégica según la interpretación de los expertos que conocen su forma de pensar sobre la conducción de la guerra.

La esperanza es que estos dos líderes logren ser contenidos por algunas personas o instituciones que tienen influencia sobre ellos y que, de acuerdo con alguna estrategia inteligente, por medio de negociaciones, puedan evitar la guerra. En el caso de Kim Jong-un, sólo los líderes chinos, sus mentores y aliados, bajo la presión de Estados Unidos y del resto del mundo, podrían forzar al dictador a suspender su programa nuclear y cesar sus posturas agresivas. Por su parte, los asesores de Trump y los organismos de seguridad nacional de Estados Unidos, conformados por algunas personas competentes y con probada experiencia, pueden tener la capacidad de frenar los ímpetus guerreristas del que hasta hace poco tiempo fuera el magnate de la finca raíz y los reinados de belleza.

En los próximos meses se definirá este drama, una crisis que se ha venido agudizando desde hace años y que se precipitó por las actitudes desafiantes de sus protagonistas en los últimos días.

Estos hechos hacen parte del ambiente de zozobra e incertidumbre en el cual nuestros hijos comienzan sus vidas y piensan en la construcción de su futuro (a los temores nucleares se juntan, entre otras cosas, los ataques de Trump al medio ambiente, la creciente desigualdad económica, el terrorismo en numerosos países y las guerras en Siria y contra el EI).

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