Por: María Elvira Bonilla

Tentáculos invencibles

El exsenador condenado Juan Carlos Martínez coronó, como diría él. Y cómo debió celebrar en la cárcel de El Bosque en Barranquilla, quién sabe con quién; tal vez con alguno de los muchos coterráneos compinches, expertos en burlar normas para salirse con la suya. Coronó y puso nuevamente gobernador.

Hace cuatro años fue Juan Carlos Abadía, hoy suspendido e inhabilitado para ejercer cargo público, pero más activo que nunca, y este año el escogido fue Héctor Fabio Useche. No para gobernar el Valle del Cauca, sino para cumplir con la voluntad de Martínez y Abadía. Fue secretario de Salud del gobernador destituido y está, junto con él, enredado en varios procesos fiscales y disciplinarios en la Contraloría y la Procuraduría, que deberá encarar y de los que probablemente no saldrá bien librado. La primera cita será el 27 de enero en un juicio oral en la Contraloría, en el que deberá responder por su presunta responsabilidad en un desfalco cercano a los $100.000 millones.

Da rabia ver cómo el exsenador repite, sin haber dejado una sola huella constructiva en su ya década de poder en el Valle. Da rabia ver la manera como él y otros condenados se burlan de las normas penitenciarias para hacer lo que se les da la gana. Un juez le autorizó las salidas necesarias para “engrasar” su estructura electoral en el momento crucial de la campaña electoral de alcaldes y gobernadores. El juez terminará posiblemente sancionado por el Consejo Superior de la Judicatura, pero el daño está hecho.

La obsesión de Martínez ahora es Buenaventura, donde no pudo poner alcalde, donde estaba el centro de su acción directa, clave para asegurar el caudal de recursos que requiere para mantener su poder activo en los demás municipios del departamento. Bartolo Valencia se impuso sobre Héctor Copete, el candidato de Martínez, quien, para desafiar, lo hizo nombrar secretario de Planeación en el gabinete de Useche. El plan del exsenador condenado ahora es el de asfixiar, a través del Concejo, al alcalde de Buenaventura para impedirle actuar. Y lo está logrando. En este momento la coalición mayoritaria de 12 concejales orquestada por el PIN y el MIO, los grupos a través de los cuales opera Martínez, y que se conformó con el apoyo de los partidos Conservador, la U y Cambio Radical, tiene bloqueado al alcalde electo. Con sus tentáculos invencibles, muy seguramente impondrá su estrategia de chantaje.

El gobernador Useche, quien se impuso con infelices 5.000 votos, parceló el gabinete entre cuestionados personajes con apoyos politiqueros, donde el tambor mayor es Martínez, a quien le entregó el manejo de las finanzas y la planeación del departamento. Lo increíble es que el vicepresidente Angelino Garzón se haya prestado para el reparto. No sólo aceptó participar en el Gobierno a través de amigos suyos tan cercanos como Orlando Riascos, a quien trajo del Valle para que se desempeñara como director de la desaparecida Comisión de Reparación y Reconciliación —un tema que desconocía por completo—, sino que ya invitó a Useche a compartir manteles a la Vicepresidencia para sellar acuerdos. Un juego perverso, común a muchos políticos que juegan de estadistas en Bogotá, mientras en las regiones se pelean las migajas y cohonestan con la politiquería local. Mala cosa para el Valle.

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