Por: Álvaro Forero Tascón

Terna de humo

Suena grandilocuente entre tanto acontecimiento grave, pero mañana se consumará otro ultraje a la democracia colombiana, propinado de nuevo por los poderes públicos.

No valió la sacudida que recibieron del poder ciudadano con la fallida reforma a la justicia. Congreso, cortes y Gobierno vuelven a confabularse para cuidar sus espaldas en detrimento del interés general.

Si mañana el Senado reelige como procurador general a Alejandro Ordóñez, de una terna de humo —diseñada para disimular el acuerdo bajo la mesa para reelegirlo—, lo estará haciendo para “blindarse”, porque Ordóñez carece de la independencia e imparcialidad necesarias para ejercer el cargo con transparencia, equilibrio y eficacia.

Un extranjero se quedaría pasmado de saber que en Colombia, quien vigila disciplinariamente a funcionarios y congresistas pacta con ellos su elección, y no investigándolos se gana su confianza para que lo reelijan. Que el vigilante les entrega buena parte de los cargos que ejercen la vigilancia a recomendados de los vigilados, para que no los vigilen. Que algunos de los nominadores del vigilante, o de quien compite con él en una terna, tienen la función de vigilarlo (realmente de investigarlo y juzgarlo), pero reciben de él cargos que los comprometen a renominarlo, y en virtud de su condición de nominadores quedan impedidos para vigilarlo, y no habiendo quien lo vigile (investigue y juzgue), el vigilante se hace impune, a pesar de que su función es combatir la impunidad.

Pero la culpa de semejante concierto para frenar la lucha contra la corrupción no es de quienes diseñaron las reglas, que confiaron en la independencia y probidad de las ramas del poder para controlarse entre ellas, sino de las cortes que participan en el proceso, que adoptaron los mismos comportamientos clientelistas del Legislativo y el Ejecutivo que se suponía iban a contrarrestar, y colaboraron en el concierto para neutralizar a la Procuraduría. Y la culpa también es de la autorización para que se reelija el procurador, porque eso le permite comprar y sobornar tanto a nominadores como a electores. Pero, otra vez, quienes diseñaron las reglas confiaron en las calidades morales de quien tiene a cargo luchar contra la corrupción y representar, no a los poderes públicos, sino a los ciudadanos ante aquellos.

Si esta fue una terna de humo —mañana se sabrá— y el Gobierno no utilizó su enorme poder para frenar semejante afrenta a la democracia, no sólo será corresponsable de todos los excesos de poder que, fiel a su costumbre, cometa Ordóñez, sino que habrá cometido uno de los mayores errores de su presidencia, porque Ordóñez es su enemigo ideológico y el aliado sectario de Álvaro Uribe (su cuarto huevo), que para deshacerse del estigma de esta elección espuria, tarde o temprano se volteará en su contra en temas neurálgicos como paz, restitución de tierras y víctimas, sucesores.

A los ciudadanos solo nos queda dejar constancia, para poder decir más adelante, con la conciencia tranquila, no hice parte de ese concierto para delinquir. Puede hacerlo firmando una petición a los senadores en www.vozpublica.org Será simbólica, pero un símbolo de que la ciudadanía es superior a sus dirigentes.

Lo increíble es que Ordóñez hubiera podido conseguir su reelección limpiamente.

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