Por: Carolina Botero Cabrera

Toda discusión de política pública debe ser abierta y diversa

El Conpes de seguridad digital 3854 modificó la visión militarista de la ciberseguridad. Promete un modelo “multistakeholder” (múltiples partes interesadas), con visión de derechos humanos y eje en la ciudadanía. Esto debería permear los eventos como el Foro Seguridad Digital, Confianza y Corresponsabilidad.

Para avanzar en políticas públicas, estos eventos deben ser instancias críticas de aprendizaje, por tanto, deben: (a) tener presencia activa de todas las “partes interesadas”, no solo sectores público, privado y fuerza pública, sino también reconocer academia, comunidad técnica independiente y sociedad civil; (b) proponer paneles diversos, con expositores de miradas opuestas que presenten puntos espinosos, que cuenten con mujeres y con sectores de la población más allá de hombres blancos (la única mujer fue la Directora de Infraestructura TI del MinTIC como moderadora); y (c) ¡dejen preguntar al público! Ignorar estos puntos es frecuente. También pasó en el reciente CLT.

El foro fue esencialmente una reunión de elogios para Colombia, que la exalta como ejemplo en Latinoamérica. Sí, comparado con unos años atrás Colombia está mejor. Sí, el esfuerzo la convirtió en ejemplo de la región, pero eso solo incrementa su responsabilidad. Por eso quiero exaltar las tímidas críticas que en todo caso sucedieron.

Sí, seguramente ColCERT cumplió un papel central enfrentando los ataques de Wannacry y Petya –elogio constante en ese evento–, pero fue tras bambalinas. Su papel no tuvo protagonismo público para informar y apoyar a la ciudadanía en general. Esas amenazas las enfrentó públicamente el CAI virtual y MinTIC, que no tienen esa función. Baste reconocer que el sitio de ColCERT estuvo desactualizado por años y lleva semanas sin funcionar, hechos inaceptables para su rol público. Cómo tímidamente lo sugirió un panelista: ColCERT debe salir de Mindefensa o crear instancias fuera de allí para llegar a sectores aún ignorados.

Atención MinTIC, como lo sugirió Gianluca d’Antonio, la corresponsabilidad no es una teoría para que el Estado se lave las manos. A esto le agrego: la falta de confianza de la ciudadanía para dinamizar una economía digital no puede achacarse exclusivamente al cibercrimen.

Flaco favor se hace a la discusión y evolución de las políticas públicas si no promovemos espacios de discusión diversos, abiertos y críticos.

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