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Lorenzo Madrigal 18 Ago 2013 - 10:00 pm

Todo queda en familia

Lorenzo Madrigal

La sucesión en Colombia parece un asunto de familia. Los delfines, hijos de los elegidos, chapotean, a la espera, en el acuario político; quien ahora mismo gobierna es un delfín y quien aspira a sucederlo es nadie menos que su primo hermano doble.

Por: Lorenzo Madrigal
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Los Santos heredan el poder por vía colateral. Y esto porque el presidente Eduardo no tuvo hijos (una hijita, sí, fallecida en edad temprana). Así, quien llegó al cargo presidencial, con una generación de por medio, vino a ser un sobrino nieto del mandatario de los cuarenta.

No sólo esto. Estando dicho sobrino en el poder, un hermano suyo ha dictaminado desde Washington que debe quedarse en el mando supremo, pues nadie como él podría concluir el proceso de paz. Y como si fuera poco, el primo se lanza como precandidato a sucederlo, con banderas contrarias, para que la opinión se lo crea. Este último se encarga de decir que en el fondo son los mismos, pues las diferencias se arreglan en almuerzos de familia.

Durante el transcurso de lo vivido, Lorenzo ha podido ver que un presidente de su infancia era sobrino de otro (de Pedro Nel Ospina); que un hijo de López Pumarejo y uno de Pastrana Borrero, también fueron presidentes; que otros más lo intentaron sin lograrlo, incluida la hija del dictador Rojas Pinilla.

En los días que corren, no es raro, pero insoportable, que Pacho Santos Calderón quiera ser sucesor presidencial de Juan Manuel Santos Calderón. Lo que parecía un desplante de nepotismo, casi risible, ha cobrado sonoridad noticiosa en el exterior.

El propio expresidente Álvaro Uribe, él mismo candidato imposible de su movimiento, debe estarse viendo en apuros para elegir entre los suyos por la tozudez de Pacho, quien al parecer se ha tomado en serio lo de su propia aspiración o desquite familiar, toda vez que Juan Manuel lo sobrepasó a velocidad de crucero en el tránsito del periodismo a la política.

Y que no se olvide cómo fueron las cosas con los Santos. Uribe no contaba con recursos políticos (año 2002, 2%) cuando apeló al nombramiento alocado de Francisco Santos como fórmula presidencial, con lo que se granjeaba las simpatías del gran diario, siendo como era, en ese momento, un hombre sin partido.

Nombró luego en el ministerio de la Defensa a Juan Manuel Santos por razones parecidas, aunque éste sí capacitado para el cargo. Más tarde quiso que quienes fueron su apoyo para escalar, le sirvieran de continuadores sin personalidad propia: se le ha crecido Pacho incómodamente y el otro, hecho presidente, se negó a perder la indispensable autonomía de mando.

***

En un régimen democrático y presidencial, es de uso que se inclinen todos ante el elegido, aún sus propios mentores, para decirle con respeto: señor presidente. Lo que es muy saludable.

 

  • Lorenzo Madrigal | Elespectador.com

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