Por: Tola y Maruja
Contestan

Tola y Maruja responden carta de una trabajadora sexual sobre el proyecto que multa a sus clientes

Arrugadas pelanduscas,

Soy una puta (perdonen la palabra, pero no me soporto eso de “persona en situación de prostitución”. ¿Qué sigue? ¿Decirle al Ñoño Elías “persona en situación de corrupción”?) y estoy muy bejuca por el proyecto de multar a los hombres que paguen por nuestros servicios sexuales. ¿Ustedes qué opinan?

Atentamente,

Mesalina Guaricha

 

Querida casquivana,

Por su letra vemos que nos escribió en pleno merequetengue. Tola se declara impedida pa tratar el tema pues tiene una nieta que se dedica al mismo oficio suyo, pero no por necesidá sino porque le dita.

Me consta que Tola le martilla a la nieta: Ve, Luz Hetaira, salite de eso, buscate un trabajo decente querida, dejá de estar en “situación de vagamunda”. Pero ella siempre le contesta lo mismo: Mamita, esto es lo mío.

La prostitución es más vieja que la panela, viene desde la mitología, cuando la diosa Ramera le cobró a Zeus por acostase con él. El vergajo Zeus, que estaba enseñao a desflorar por las malas (y gratis) a las ninfas, se emberracó y condenó a Ramera a ser gozada por los conejos del Olimpo.

Después de satisfacer sus bajos istintos, los maldingos conejos se volaban sin pagar y de ahí viene el término “conejiar” como sinónimo de salir de güida sin cancelar el servicio. A los hombres que cometen esta tumbada les dicen “conejeros”.

La sinvergüenza por ecelencia es María Mandalena, discípula de Jesús y que ejercía la profesión más antigua en una esquina de Jerusalén, hasta que Pilatos sacó un decreto multando a los hombres que le pagaran. Entonces la famosa pecadora dentró a la clandestinidá y le fue mejor, porque lo prohibido es más caro.

La medida de Pilatos fue pior que la enfermedá porque volvió a la Mandalena prepaga, pues pa evitar que los cogieran infragantes no les recibía a los clientes dinares en efetivo, sino que los tipos le consinaban y traían el recibo. Y parte sin novedá.

Entonces ese decreto sorombático disparó la prostitución pues otras mujeres pensaron que eso tan perseguido tenía que ser muy sabroso y se dedicaron a repartilo generosamente, algunas sin cobrar, o sea ad deshonorem.

Fuera de eso, el asurdo decreto también corrompió a los centuriones romanos, que hacían redadas noturnas en los callejones en búsqueda de busconas recibiendo monedas, y al no topar nada ellos mismos les pagaban, pa no perder el impulso.

Las meretrices han sido pordebajiadas siempre (les dicen “mujeres de vida fácil”, como si fuera muy fácil enderezar un borracho), sabiendo que cumplen un papel esencial en la sociedá: evitar que muchos matrimonios felices naufraguen, pues los hombres casaos las buscan precisamente pa evitar el divorcio.

Nuestros maridos Ananías y Perucho, que andan ahorrando quizque pa pagar la bendita multa, defienden a esas patialegres y dicen que no tiene precio hacer aquello sin tener que verlas después.

De modo, querida furcia, que te apoyamos, pues nos parece que ese proyeto de multar a los hombres putañeros es una solene carajada, que busca la calentura en el sofá y cree que vendiendo las sábanas... en fin, es una pendejada.

Tus tías que te quieren,

Tola y Maruja

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Payola: Una solución para que los hombres no paguen por sexo: echar mano de la mano... Pura Paja. Sábado 19. Trementina. Tel: 3112226566.

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