Por: Luis I. Sandoval M.

Torres de Fenicia siglo XXI

En este cuarto lustro del siglo 21 las Torres de Fenicia, construidas en 1970 (dos torres de 31 pisos cada una), habitadas por cerca de 1.240 personas en 248 apartamentos, barrio Las Aguas (carrera 3, calle 21), en pleno centro de la urbe bogotana, están experimentando un reconocible proceso de transformación.    

Transformación no solo física en un contexto de impresionante desarrollo urbanístico sino, ante todo, como conjunto de vecinos del mismo barrio vertical que estrechan vínculos, ejercen ciudadanía, participan activamente y prefiguran una comunidad citadina.

En Bogotá tienen un peso creciente los conjuntos residenciales en edificios altos, ello se debe al acentuado proceso de densificación de la ciudad. El censo inmobiliario de 2015 mostró que hay 1.539.124 predios en propiedad horizontal y 890.114 en propiedad no horizontal. Se estima que el número de residentes en propiedad horizontal es superior a los 4,3 millones, lo cual representa alrededor del 55 % del total de la población de la ciudad.    

Las Torres de Fenicia son un caso típico del fenómeno descrito y de ahí la importancia de su evolución y cualificación. Las Torres forman parte del Triángulo de Fenicia, un ambicioso proyecto urbanístico promovido por la Universidad de Los Andes. Se reemplazarán metros de casas y negocios actuales por metros en la Fenicia renovada, la idea es retener a los residentes históricos mejorando sustancialmente sus condiciones de vida.

Se transforma el entorno y se transforman las Torres. Los últimos 10 años han sido de mejoramiento continuo, con obras como pintura externa de los dos edificios, cambio de tuberías, arreglo de canchas, prados y jardines, señalización, iluminación, parqueaderos, rampas, cámaras de seguridad, aseo esmerado, vigilancia especializada, salas de recepción, gas domiciliario actualmente en instalación.  

Un riguroso plan para reducir gastos en servicios y asesorías, al tiempo que se realiza una acción intensiva para la recuperación de cartera y el recurso a cuotas extraordinarias han hecho posibles las obras y acciones de beneficio general.  

Pero lo más rescatable de la experiencia reciente de Fenicia y lo que la proyecta como paradigma replicable son los nuevos enfoques, nuevas prácticas y calidades de los administradores e integrantes del Consejo de Administración. Sobresale en ellas y ellos ser personas que ejercen el voluntariado con entusiasmo, competencia y transparencia sirviendo el genuino interés del conglomerado fenicio.

Lograr que propietarios y arrendatarios sumergidos en asuntos propios tomen interés en los asuntos comunes y que de la indiferencia transiten a la participación y la corresponsabilidad no es cosa fácil. Se avanza por esa senda gracias al trabajo persistente de convocar con la palabra y con el ejemplo, intensificando la información mediante carteleras y circulares, echando mano de los medios electrónicos y apelando, con mesura pero con eficacia, al elemento sancionatorio. Se debe pagar una multa sensible por no asistir a las asambleas. Ya se hacen asambleas con quorum en el primer intento de reunión.

Preocupa la seguridad (más afluencia por Transmilenio), los viejos ascensores y la racionalidad en el uso de los recursos. No se puede cejar en elevar el nivel de gestión, en reducir los rezagos de conflictividad, en mantener la transparencia. Vivir gratamente, lo que es convivir, no depende solo de las condiciones materiales, depende igualmente del vecino que saluda, da una mano, cumple obligaciones y exige derechos, que participa activamente para contribuir al mejoramiento general.

Está cambiando el sentir de los condóminos en su relacionamiento con los demás. Lo sobresaliente en Fenicia, más que la transformación física, es la transformación cultural que se está operando. Hermoso empeño el de pasar de relaciones depredadoras a relaciones estéticas.

@luisisandoval

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