Por: Roberto Esguerra Gutiérrez

Tragedias anunciadas

La muerte del señor José Chiquiza, de 58 años, ocurrida en la sala de una EPS esperando la autorización para una diálisis es un caso dramático, ejemplo de lo que no debiera ocurrir jamás en un sistema de salud, pero que en el nuestro es apenas una más de las innumerables tragedias que se presentan a diario y desde hace tiempo.

Tragedias anunciadas, que vienen ocurriendo y que seguirán ocurriendo si el sistema sigue sin que se tomen las medidas correctivas que le permitan evolucionar para que estos casos no se presenten más. El diagnóstico está hecho desde hace años, estudios tras estudios han confirmado hasta la saciedad las fallas del sistema, pero quienes han tenido la responsabilidad de tomar decisiones para solucionarlas no lo han hecho por negligencia, por ineptitud o por simple irresponsabilidad.

¿Alguien en este país puede decir que no está enterado de que a los pacientes se les niegan procedimientos o tratamientos y que cuando se les aprueban tienen que esperar días o semanas las autorizaciones? ¿Alguien desconoce aún las cifras del número de tutelas que los ciudadanos tienen que interponer para lograr que les respeten sus derechos y no les nieguen aquello que está incluido en el POS? ¿Alguien puede acaso afirmar que los ciudadanos encuentran solución rápida a sus problemas de salud, antes de que por falta de tratamiento oportuno se agraven o se puede decir que la gente se mueve libremente dentro de las redes de las EPS, ejerciendo su derecho a la libre elección, para encontrar solución oportuna a sus problemas de salud?

En estas circunstancias, ¿puede sorprenderse alguna persona porque los servicios de urgencias de los hospitales en todo el país estén peligrosamente saturados por casos que debieran ser atendidos en los centros de atención ambulatoria? Los ciudadanos cuando no encuentran atención oportuna recurren desesperados a los servicios de urgencias, entre otras cosas porque es el único lugar del sistema en donde pueden ejercer su derecho de libre elección y además llegar sin tener que esperar la cita o la autorización respectiva.

Los servicios de urgencias de los hospitales son uno de los recursos más valiosos para una sociedad, pero no pueden ser los responsables de solucionar todas las ineficiencias y las fallas de un sistema de atención sanitaria. Constituyen un recurso demasiado costoso para que, como lo han demostrado varios estudios, cerca de la mitad de los pacientes que a ellos acuden son casos que deben ser atendidos en la consulta externa y que con un buen sistema nunca hubieran tenido siquiera que pensar en ir a urgencias. Los servicios de urgencias de los hospitales colombianos viven colapsados por la sobreocupación que esto genera y afortunadamente no se ha presentado una tragedia que afecte a muchas personas, porque en estas condiciones las urgencias no tienen capacidad de reacción.

Además, los hospitales siguen asfixiados por la cartera, en buena medida generada por la atención de urgencias y que según el estudio de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, conocido hace unos días, en lugar de disminuir, como pomposamente se había anunciado, con corte a junio, continuaban creciendo peligrosamente. Tomando las cifras del estudio y proyectándolas a toda la red hospitalaria nacional, podría estimarse que el total puede andar cerca de los $10 billones.

Los responsables de las tragedias muchas veces no son quienes prestan la última atención, pues es frecuente que reciban a los pacientes ya en estado terminal o con complicaciones muy severas e irreversibles, originadas con frecuencia en los retrasos y las ineficacias de la red de consulta externa, además de las demoras ocasionadas por las trabas administrativas que tienen que superar para obtener sus tratamientos.

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