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Hugo Sabogal 27 Oct 2012 - 11:00 pm

Entre copas y entre mesas

Transporte de vinos

Hugo Sabogal

Cada viaje a una zona productora de vinos nos enfrenta siempre a la misma pregunta: ¿cómo transportar las botellas de manera segura? Y suponiendo que llegamos al destino con los vinos en perfecto estado, ¿cuánto esperar antes de disfrutarlos?

Por: Hugo Sabogal
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Supongamos que usted llega a Mendoza, Santiago o Napa y elige comprar algunas botellas para llevar a casa. Si no tiene otra alternativa, use dos o tres calcetines y ponga alrededor del fardo una camisa gruesa con doble o triple nudo. El propósito es aumentar y evitar que el envoltorio se zarandee. Si lo prefiere, puede preguntar en la tienda de la compra si ofrecen bolsas protectoras para meter las botellas y reducir casi completamente la posibilidad de tener un accidente.

Quizá lo mejor es embalar las botellas en cajas de cartón, con separadores internos de poliestireno expandido, conocido como icopor. Claro: esto implicaría agregar un bulto adicional al equipaje. El consuelo es que el importe por carga es menor. Le aseguro: he utilizado este método desde varios países sin ningún contratiempo. Otra recomendación válida es no comprar más de tres botellas por etiqueta porque se corre el riesgo de que la Aduana confisque la mercancía por sospecha de contrabando.

Un paso seguro, sin duda, es comprar en los puntos de duty free, que están autorizados para vender vinos y licores en el último tramo de viaje.

La inquietud de cuánto tiempo hay que esperar antes de abrir las botellas que ha comprado en el exterior invita a respuestas varias, pero yo me inclino por 15 días.

¿Cuáles vinos suelen resistir mejor los trayectos en avión, barco o automóvil? Sin duda los más ligeros, incluidos los blancos y los rosados, que se recuperan pronto debido a su estructura liviana. En cambio, los más complejos y robustos, al contener una mayor cantidad de componentes, requieren un mayor período para estabilizarse. Pero los que definitivamente exigen cuidado y atención son aquellos no filtrados, o sea los que conforman las líneas altas de las grandes casas o los elaborados en bodegas boutique o artesanales. Estos productos presentan una buena cantidad de sedimentos, que se mezclan con el líquido durante la travesía.

Quién no quisiera disfrutarlos tal y como salen de la línea de producción. Pero eso es una quimera. Lo único irrefutable es que para llegar hasta nosotros, los vinos deben viajar de un extremo al otro del orbe. Es una situación que no se puede cambiar.

  • Hugo Sabogal | Elespectador.com

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