Miguel Ángel Bastenier 11 Ago 2012 - 11:00 pm

Las tres caras de Evo

Miguel Ángel Bastenier

Visto desde el resto del mundo hispánico, con el que Bolivia aún sostiene una comunidad de lengua, el presidente Evo Morales podría entenderse a partir de tres claves, como si fuera una Santísima Trinidad de sí mismo.

Por: Miguel Ángel Bastenier
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Un Evo folclórico, un Evo Morales revolucionario y un Morales que apenas sobrelleva el peso del poder.

El primer Evo, el que salta rápidamente a la vista, es el que sale de su país ataviado con las prendas más genuinas del altiplano indígena. Ha habido folcloristas que han asegurado que muchas de las prendas que hoy se consideran más expresivas de la telúrica personalidad aymara o quechua son elementales refacciones del tipismo español exportado por los conquistadores.

Pero sea como fuere y con el añadido de unos suéteres de precaria materia prima, el presidente boliviano podría pasar en Madrid por uno de los concertistas de caramillo que proliferan en tiempo de crisis por los vagones del metro de la capital. Y a ese apartado han de pertenecer las declaraciones más atrabiliarias del presidente, como cuando dice que comer pollo vuelve a la gente homosexual.

Pero hay un segundo Evo que está grabando su nombre a fuego en la historia de América Latina. Si examinamos las distintas aspiraciones de gobierno hoy en el continente iberoamericano, sólo se hallará un proyecto genuinamente revolucionario. Ni Chávez en Venezuela, que cree que Cuba sí que ha hecho la revolución; ni Correa en Ecuador, que se conformaría con mucho menos, son ejemplos convincentes de ello. La sola y genuina tentativa revolucionaria es la de Evo Morales con su pretensión de deshispanizar su país.

Aunque el presidente boliviano no reconoce públicamente que esa sea su intención, la plurinacionalidad que apellida la Constitución apenas disimula cuáles son las intenciones de fondo: una restauración del pasado, puede que con Pachamama incluida. El expresidente Carlos Mesa asegura, sin embargo, que ese conato de reversión histórica ya ha fracasado, pero no lleguemos a conclusiones que podrían ser precipitadas.

Ese salto atrás tiene, naturalmente, connotaciones tanto o más económicas que culturales. Se quiere recuperar una forma de vida, una mirada distinta a la naturaleza, al tiempo que se devuelven al país con razón impecable sus recursos naturales, gas especialmente, con los que financiar un futuro desarrollo.

Y hay un tercer Evo, el más significativo de todos, que es el que tiene que gobernar en un mundo al que los derechos históricos del pueblo boliviano, y la restauración de un pasado sin duda glorioso pero tecnológicamente asilvestrado, le importan un comino; y que para que ese gobierno sea competitivo en el escenario occidental contemporáneo, ha de saber formar los técnicos que un día puedan gestionar de manera autónoma el desarrollo del país.

Este Morales es el que ha de pactar hoy con la realidad, cuando ya ha tenido que descubrir que no es tan uniformemente indigenista como pudo pensar al inicio, porque indígenas los hay de muy distintas familias, lenguas y lealtades; y los guaraníes de las tierras bajas de Santa Cruz y el este del país poco tienen que ver con aymaras y quechuas del altiplano, aún básicamente fieles al presidente aunque el apoyo ya no es monolítico como en las últimas elecciones de 2009. Hay, en definitiva, más ‘pluri’ en Bolivia de lo que, quizás, al presidente le convenga.

Este Morales es el que debería transar con Santa Cruz y encontrar un equilibrio entre regionalidades y nacionalidad para que La Paz pueda gobernar pensando en una sola Bolivia movida por un propósito común. Y por ello el presidente se ha encontrado con dificultades muy similares a las experimentadas por Chávez y Correa; muy especialmente, con una prensa que no le es en absoluto favorable.

Y aunque Palacio Quemado, en el que se agita ese genio de la revancha que es el criollo avergonzado de serlo, Álvaro García Linera, ha actuado con frecuencia en desmedro de la libertad de expresión, el poder no ha franqueado todavía la postrer línea roja de lo irreparable. Eso es lo que en último término debería importarle al mundo; que la firma española Repsol, recientemente expropiada en Argentina, pueda seguir funcionando, siempre dentro del máximo respeto a las instituciones democráticas del país, pero con la seguridad más absoluta de que a nadie se le puedan negar los derechos individuales por cuestión de cultura, raza o religión: aunque estemos hablando de lengua española, agrupación latina y catolicismo romano occidental.

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Nosemehagaelbobo

Vie, 08/17/2012 - 10:09
Evo Morales, Bastenier, es lo mismo que vos. Interesante leer tu comentario enteramente innecesario sobre la apariencia fisica de Evo. Esa actitud racista si viene en cambio de un pais que te odia a ti Bastenier por tu piel oscura y se odia a si mismo por su origen arabe, musulman, moro y gitano, del que no se pueden librar y que son los mismos elementos que todos los extranjeros sentimos que es interesante de Espana: su musica gitana, su clima tropical, su arquitectura arabe. La historica finca de recreo del resto de Europa. Deja el tema de Bolivia y dedicate a escribir sobre la ruina actual de tu pais.
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gente común

Mar, 08/14/2012 - 07:30
Me quedé esperando poder entender con cual de cada una de las tres personalidades de la Santísima Trinidad iba usted a relacionar los comportamientos contradictorios de Evo.Usted hace referencia a una patología de personalidad no de bipolaridad sino de tripolaridad. A la que según parece, le atribuye legitimidad es a la tercera la cual describe como aquella que se hace cargo de la realidad y en el consenso mítico-religioso la asociaría con el Padre. Al Hijo seguramente el comportamiento con matices de pseudorevolucionario y al Espíritu Santo la facha esnobista que destaca en cada una de sus presentaciones, por aquello de las múltiples formas.Vale preguntarse si el rasgo de un mandatario con característica muy particulares siempre debe ser tamizado por una crítica uniformista que lo valide.
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Boyancio

Mar, 08/14/2012 - 05:35
Así es la potala cuando le ponen la pata encima. Cuando los indígenas estaban sin diálogo fructifero, sin representación en el alto gobierno, dueños de sus sueños, nadie decía ná, ni ná. Ahora que están en vías de recuperación, es malo, namá.
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fernando mora gomez

Dom, 08/12/2012 - 19:40
Las tes caras deben ser para compensar la falta de cerebro.
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amaneno

Dom, 08/12/2012 - 15:04
Preferible las tres caras de Evo, que los tres huevitos del narco-enano
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jaramo

Dom, 08/12/2012 - 11:01
Afortunadamente, para Bolivia y Amèrica Latina, Evo Morales no es como usted lo pinta ni va a hacer lo que usted dice, así entre las cosas que usted dice algunas aparezcan verosímiles.
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INDIGANDOCONESTOSPENDEJOS

Dom, 08/12/2012 - 10:33
Salvo el lamentable último párrafo, el señor Bastenier escribe con una factura impecable. No se entiende como pueda tener como compañeros de página a Ramero Leguarrano (tenebroso exdirector de la policía secreta en el narcogobierno de Samper), Felipe "gurrupleta" Lleras o la columnista siempre a sueldo del mejor postor, también Samper. Demasiado samperista este bodrio... traten de mejorar antes de que el dueño se enoje con tantas pérdidas. Sobre todo pérdida de influencia...
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doloresthomas

Dom, 08/12/2012 - 04:15
Salto atrás el de los españoles, totalmente arruinados, y aún así dándose ínfulas de grandeza y creyendo que aún dominan sus antiguas colonias. El último párrafo es patético.
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virginiavallejo

Dom, 08/12/2012 - 09:31
Te expresas con resentimiento y a la defensiva. Se entiende que el señor Bastenier, habla de salto atrás precisamente a las sociedad prehispánica, que posteriormente quedo desempoderada en Bolivia aunque con mucha presencia etnica. Por lo demás, España representa otra forma de ver el mundo en contraposición con la indígena o indígenas, de las cuales se pueden encontrar aportes valiosos y también hechos negativos. En cuanto al modelo económico actual responde a un Estado del desarrollo del capitalismo donde las corporaciones siguen unas lógicas, a veces perversas, sin importar la nacionalidad de la empresa.
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