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Francisco Gutiérrez Sanín 25 Oct 2012 - 11:17 pm

Desde la tribu

Francisco Gutiérrez Sanín

Está escrito en el destino de todos los columnistas de opinión que no podrán evitar atormentar al pobre lector con alguna referencia ocasional a su pequeño mundo.

Por: Francisco Gutiérrez Sanín

A éste le robaron el celular, y eso le sirve como pretexto para protestar contra el universo; a aquél le pusieron una multa de tránsito desconsiderada; el de más allá fue atropellado por un ciclista, o se ganó un premio que atormentó a sus envidiosos rivales. O es uno de los envidiosos rivales. Estas cosas pasan —de hecho, constituyen buena parte de la trama de la vida cotidiana—, así que en algún momento toca plegarse a ellas, y tratar de hacerlo con la mayor dignidad y sentido del humor posibles.

Así que déjenme librarme de unos cuantos mililitros de bilis con dos temas que sólo adquieren importancia en un contexto determinado. El primero: cursa en el Congreso un proyecto de ley para darles a los politólogos una tarjeta profesional. La idea es vieja, pero se basa en un malentendido. Las tarjetas profesionales son obligatorias para ciertas disciplinas en las que la falta de idoneidad tiene repercusiones contundentes e inmediatas sobre la vida y propiedad de los ciudadanos. Si, por ejemplo, un abogado o un médico resulta ser un incompetente, esto implica un riesgo muy real para el cliente que lo contrate. Los politólogos estamos en una situación muy diferente. Si se considera —para forzar la analogía— que el cliente de los politólogos son los políticos, entonces los riesgos más bien van en la dirección contraria. Pero el punto de fondo es que, junto con otras muchas actividades —algunas maravillosas, como la pintura, la novela, la filosofía, las disciplinas exactas, o la simple producción de artesanías; otras vacuas, como la astrología; otras intermedias, como el periodismo deportivo—, la ciencia política está relativamente desvinculada de la utilidad inmediata. Para bien o para mal. Yo me siento muy cómodo así. El lector decidirá, de acuerdo a su experiencia y estado de ánimo, de qué lado del espectro estamos más cerca, si de la pintura o de la astrología, de Aristóteles o de Nostradamus, del buen artesano o del charlatán. Pero para el caso da lo mismo: ni Alejandro Obregón ni el Indio Amazónico hicieron, ni hubieran podido hacer, nada con una tarjeta profesional. No gasten el tiempo en eso: traten más bien de hacer bien su trabajo.

El segundo: nos aprestamos a una nueva convocatoria de grupos de investigación por parte de Colciencias. Ahora bien: Colciencias es una institución importante y valiosa. Pero la convocatoria de grupos es uno de los ejemplos más crasos —a su manera trágico, pero también risible— de una idea inicialmente buena, que a partir de algunos problemas iniciales de diseño y de sucesivos “mejoramientos” incrementales, se convirtió en una práctica grotesca. Como suele suceder, la cosa adquirió vida propia, y es cada día más incomprensible y barroca. Nadie se atreve a dejar a este triste y desangelado emperador al desnudo por miedo a quedar fuera del juego. Creo que se puede demostrar fácilmente que, aunque en las apariencias las prácticas colombianas en este particular se parecen a las internacionales, ellas divergen en puntos cruciales, generando los peores incentivos y las peores rutinas posibles. Para no hablar ya de la simple pérdida de tiempo, que duele como si lo cogieran a uno a patadas. Ya que comienza una nueva administración en Colciencias, yo le pediría que aplazara la flamante convocatoria de grupos, e hiciera un análisis cuidadoso, y comparado, de las distorsiones actuales. No es, al fin y al cabo, asunto tan menor: se trata de los incentivos y señas que gobiernan la asignación —creciente— de recursos en ciencia y tecnología en el país.

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Boyancio

Vie, 10/26/2012 - 18:49
Ve, muchacho de cosas escritas, póngame cuidado: Nosotros, los pobres del Bajo Atrato, metástasis en la Cienaga de Zarate y la de Santa Marta, unidos en desgracia de poca comida y nadita de educación de la buena, le pedimos de pura tripa seca que se acuerden de nosotros y no nos dejen en esta brutalidad inmensa, intensa, y que no avisora nada de sustancia, y que puden seguir robando por lo alto, diga usted que con sus privilegios intactos...¡pero, por favor!...acuerdense de nosotros los que chupasiamos barro, los que criamos a nuestros pelaos con leche pedía, que nos toca peliar los sobrados de nuestros amos con sus perros de pedigrí, sea de pelo fino. ¡¿Será, muchacho, que te tengo que arrecordar en los meses venideros nuestra petición?. si no le interesa, favor rezar tres padrenuestros.
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Eduardo Saenz Rovner.

Vie, 10/26/2012 - 18:47
Lo de los grupos de investigación de Colciencias es paja y estorbo. Los científicos sociales en el mundo académico desarrollado y con sentido común no investigan ni en grupo -o montonera- ni con carnet profesional. La Universidad Nacional, tan dada a la burocracia y al reglamentarismo, obedece el espejismo (o espajismo) de los grupos al pie de la letra. Igualmente se tragan el cuento de que nos llenamos de doctores, cuando más de la mitad de los tales doctores son egresados (o producidos) en los programas doctorales endogámicos y mediocres (yo con yo, Yo y Tú) o en los "programas sudacas" y/o en un café internet. Los investigadores serios que hay en la UN investigan y publican, no gracias a Colciencias y a la burocracia interna encabezada por el rector sino a pesar de todas las anteriores.
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Tetricaloctus

Vie, 10/26/2012 - 12:59
Los coreanos dicen que el secreto de su formidable despegue industrial fue la estrecha coordinación Estado-Universidad-Empresas. Pero entonces toca que el gobierno tenga planes indicativos muy precisos, que los estudiantes aprendan a estudiar y los profesores aprendan a investigar, sin tanta dictadura de clases, y en fin que exista una dinámica empresarial. Si las tres fallan, tendremos polvo de oro cósmico como el que produce Colciencias.
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samueld

Vie, 10/26/2012 - 09:53
¿Por qué tiene uno la impresión de que Colciencias (y los que han sido funcionarios de Colciencias y ahora trabajan en departamentos de investigación de distintas universidades) es más lo que estorban la investigación que lo que ayudan? En muchas universidades, el principal obstáculo para investigar algo son esos "Departamentos de Fomento a la Investigación".
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consensopúblico

Vie, 10/26/2012 - 08:05
¿Campo científico? ¿Campo tecnológico? ¿Vida social? ¿Instituciones?. Supervivencia con instintos domesticados, que puede equivaler a perversidad. Colciencias no hace inteligible el vínculo que opera la noción de "colombian@s" (algo histórico pero también arbitrario). Convoquemos un contrato social ecuménico, a ver que pasa. De la patria traqueta a la matria cosmopolita. Quedo de usted: fratriotaglocal (en otra columna comentan sobre Bertrand Russell teórico de la ética). Subordinados todos en este país dependiente y posterizado.
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luispuyana

Vie, 10/26/2012 - 02:41
ANTES QUE LA LICENCIA, LOS POLITÓLOGOS DEBEN ES TRANSFORMAR EL MUNDO y no consolidar el atraso, el que se perpetúa bajo la tesis de que el pasado domina el presente, cuando debe ser al revés, es el presente que debe abolir el pasado, ese pasado que desde el esclavismo hasta hoy arrebata tierras a sangre y espada y hoy con armas de fuego, como lo hicieron cuando mutaron el DAS en una empresa criminal, cuyo refrlejo son 44 congresistas uribistas CONDENADOS POR ALIARSE CON NARCOPARAS, HASTA EL SANTOYO general del 82. Luego los politólogos están en esa encrucijada: O ESTAN POR TRASFORMAR EL MUNDO ó PARA CONSOLIDAR EL PASADO SOBRE EL PRESENTE. Y en ninguno de los dos casos requiere licencia sino amor por la patria ó amor por el capital financiero.
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