Por: Gonzalo Hernández

Triple C para las calificadoras

No era ninguna sorpresa que la llegada de José Antonio Ocampo a la Junta Directiva del Banco de la República se convertiría en una bocanada de aire fresco para el debate público sobre temas económicos nacionales actuales —ya lo ha sido para el debate académico por varias décadas y para el debate público nacional en muchas otras ocasiones.

En medio de la prudencia que envuelve a los hacedores de política, que saben bien que sus opiniones impactan las expectativas y mueven los mercados, el nuevo codirector sacude a la ortodoxia y sacude a los seguidores desprevenidos de la economía que encuentran refugio en lugares comunes.

Voy con un ejemplo. En su más reciente entrevista para el diario La República, Ocampo respondió la pregunta: “¿Son acertadas las advertencias de calificadoras como Fitch?” con: “Yo creo que las calificadoras están exagerando francamente, no creo que haya ningún riesgo importante de que la economía colombiana vaya a incumplir. Aquí hacemos política monetaria y fiscal anticíclica extremadamente moderada, y lo que quieren hacer es que seamos más procíclicos; lo que nos recomiendan es menor crecimiento en el fondo, no entiendo la lógica de las calificadoras de riesgo en esa materia. Ellos tienen que mejorar los análisis”.

Tiene razón. Ni las advertencias ni las recomendaciones de política económica de las calificadoras son acertadas. Ya, en buena parte por la presión de estas entidades, tenemos una reforma con más IVA en medio de una desaceleración de la economía colombiana. ¿Esperan ahora una reducción del gasto público? ¿Ahorro “voluntario” en épocas de vacas flacas? Esto solo significaría la profundización de la desaceleración y más desempleo. Claramente no parece el mejor plan para nadie, en especial para los colombianos más pobres.

Sin embargo, no es solo cuestión de que las calificadoras mejoren sus análisis. Saben bien que algo de más impuestos y menos gastos —como recomiendan— no llevaría al incumplimiento de los pagos de deuda, que seguramente es su verdadera preocupación. Saben que menos crecimiento afectaría más a los colombianos de las clases baja y media, pero no a los acreedores. Incluso si la recomendación de austeridad (reducción del déficit fiscal) de las calificadoras indujera una recesión profunda, ¿creen ustedes que lo primero que se dejarían de pagar son las deudas con los acreedores internacionales o serían los salarios y otros compromisos presupuestales de gasto público para los colombianos? Basta mirar Grecia para saber que lo más probable es un ajuste doméstico.

No hay muchas salidas. Siempre lo primero a la mano es un apretón del cinturón de aquellos con menos ingreso y riqueza: una de las fallas persistentes del capitalismo sin democracia. Por eso, antes de darle resonancia a las declaraciones de las calificadoras, como si fueran los oráculos de la economía, vale la pena pensar en los intereses que representan. Pueden confiar, por ahora, en que no representan a los colombianos de menores ingresos.

Es cierto, quizás es mejor simplemente imaginar que las calificadoras hacen malos análisis económicos.

* Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana.

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