Por: Columnista invitado

Tristeza y rabia por la Corte

Soy una ciudadana común que siempre se sintió orgullosa de muchas de las sentencias de la Corte Constitucional así como de sus magistrados, por lo general juristas, académicos, que tenían clara su responsabilidad ante la sociedad y ante la rama judicial.

Hoy, después del escándalo de los magistrados Pretelt y González Cuervo, no puedo más que sentir rabia y tristeza. No es posible que desde el año anterior el rumor de que el magistrado Pretelt vendía fallos no tuviera ninguna resonancia entre sus colegas magistrados, y permitieran en silencio que fuera presidente. También es vergonzoso que juristas con desempeño tan mediocre como González Cuervo y el mismo Pretelt llegaran a la más alta dignidad a la que puede aspirar un jurista. Basta con mirar las sentencias de estos dos magistrados para darse cuenta que tienen una mínima complejidad jurídica.  

También es triste saber que el magistrado ibaguereño está ahí como ficha de Uribe, quien lo seleccionó para permear esa instancia.  
Ahora que González está de salida, cuando sólo le restan meses, se siente en posibilidad de pelear con su colega, que se ha destacado por sus estrechos vínculos políticos con el departamento de Córdoba y la costa caribe en general.

Para mí como ciudadana me parece triste saber que ya la Corte Constitucional está politizada. Yo confiaba en que era un organismo transparente y comprometido con el bien de la sociedad y de personas como yo, que en cualquier momento pudiéramos necesitar de la transparencia de dicha corporación. La Corte colombiana resulta tan interesante a ojos externos que son varios los investigadores de otros países que vienen a revisar sus fallos; se ha considerado una Corte pionera en latinoamérica y en el mundo por sus fallos y la calidad jurídica de su jurisprudencia. Pero hoy, solo queda avergonzarse.

Es inadmisible que un jurista que llega a ser magistrado decida comerciar con decisiones fundamentales para personas comunes como cualquiera de los lectores. No hay derecho que estos personajes, y los otros miembros de la Corte, no se hayan pronunciado, que hayan apelado al silencio que al final es cómplice. Además de esta situación tan vergonzosa, lo más triste es que los magistrados seguirán ahí, se van a quedar, no van a ser procesados porque el organismo dedicado a investigar a este tipo de funcionarios, la Comisión de Acusaciones, en la práctica no sirve para nada.  Hay varios funcionarios investigados allí que siguen con su vida en cargos públicos sin que en realidad se defina qué pasó con su caso, si son culpables o no, y peor, no se les da ningún castigo. Sigue la impunidad. Parece que estos personajes son intocables.

La Corte a mi pesar se politizó. Pasó lo que muchos temían: instrumentalizaron a esta instancia y de paso a sus togados que con su silencio siembran más dudas sobre su transparencia. Qué decepción y qué impotencia saber que este caso se archivará pronto sin consecuencias para nadie, solo para los ciudadanos que ya no podemos pensar que hay un espacio que puede velar por nuestros derechos y libertades, porque ahí también hay que pagar y mucha plata.

Pese a la evidente instrumentalización, resulta de alguna manera importante que el magistrado Pretelt haya decidió retirarse por 30 días de su cargo. La responsabilidad de la magistrada Calle en la presidencia temporal de la Corte es muy grande. Debe demostrar que la corporación que preside está genuinamente interesada en que este vergonzoso caso se resuelva y que se castigue a los que sea necesario.  Además de la renuncia por un mes del involucrado en el caso, ciudadanos como yo esperamos un pronunciamiento claro de la Corte, concreto sobre lo que va suceder con el caso en particular y sobre lo que se necesita para que instancias como la Corte, la Procuraduría y la Contraloría tengan un órgano eficiente que pueda investigarlos.

•    Psicóloga, Pontificia Universidad Javeriana. Magister en Literatura Hispanoamericana, Instituto Caro y Cuervo

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