Por: Jorge Tovar

Trump, la FIFA y el camino a seguir

Infantino, el presidente de la FIFA, afirmó recientemente, con gran acierto, que en la Copa del Mundo “cualquier equipo, incluidos hinchas y dirigentes de ese equipo que se haya clasificado, necesitan tener acceso al país”. Mostraba su preocupación por las políticas discriminatorias del presidente Trump y la posibilidad de que EE. UU. organice el Mundial de 2026.

Históricamente, la FIFA no supo nunca oponerse frontalmente a regímenes absolutistas. Es maravilloso que lo haga en esta ocasión, cuando en la Europa de los años treinta, el fútbol no se opuso a los regímenes de Mussolini o Hitler. Por el contrario, como harían décadas después los militares en Argentina, el fútbol terminó siendo utilizado como instrumento propagandístico.

La FIFA, por ejemplo, nunca se opuso a que Italia realizara el saludo fascista (brazo estirado al aire) durante los Mundiales de 1934 y 1938. Es más, en los cuartos de final del Mundial Francia 1938, Italia debió cambiar uniforme pues el anfitrión también vestía de azul. Por primera y única vez en partido oficial, por orden directa, dicen, de Mussolini, Italia vistió de negro, el símbolo del brazo armado más leal al régimen fascista.

No sólo la FIFA destacó por su incapacidad para enfrentar estos regímenes. Ante la sorpresa de la Foreign Office británica, la Federación Inglesa (FA) aceptó la invitación de Alemania para jugar en Berlín en mayo de 1938, cuando ya los tambores de guerra retumbaban en el Viejo Continente. El gobierno británico, que consideraba que la ambición de Hitler era saciable, buscaba tiempo para armarse mejor. En consecuencia, se ordenó a la FA aceptar la petición alemana de realizar el saludo nazi. Para la historia quedó una de las imágenes más aberrantes de los inventores del fútbol.

Más reciente es el apoyo de la FIFA, en cabeza de su entonces presidente, sir Stanley Rous, al apartheid sudafricano. Allí la representación internacional quedaba en mano de equipos conformados sólo por blancos, lo que llevó a que la South African Football Association (SAFA), representante de los blancos, fuese admitida por FIFA en 1952. En 1961, la Confederación Africana de Fútbol expulsó de todo torneo a Sudáfrica, mientras el sistema del apartheid siguiera replicándose en el deporte. La FASA (antigua SAFA) presentó entonces un reporte al comité ejecutivo “aclarando” que ellos simplemente seguían las costumbres del país. Rous se impresionó favorablemente y convocó una comisión, liderada por él, para visitar Sudáfrica en 1963. Allí concluyó que no existía discriminación para afiliarse a la FASA, que la suspensión debía levantarse y que la FIFA no debía inmiscuirse en asuntos internos. FIFA recomendó levantar la sanción, pero la CAF, indignada, se negó. Eventualmente le costaría la presidencia de FIFA a Rous.

De la historia hay que aprender. Sí. Infantino hace bien en advertir a EE. UU. Ayer fueron judíos, negros y gitanos. Hoy, mexicanos y musulmanes. El fútbol es el instrumento ideal para luchar por la libertad.

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