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Mauricio Rubio 20 Feb 2013 - 9:49 pm

La tutela: el Woodstock de la justicia

Mauricio Rubio

A finales de los sesenta el promotor del Miami Pop Festival organizó un concierto en una finca al sur de Woodstock, en el estado de Nueva York.

Por: Mauricio Rubio
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Se esperaban 100.000 asistentes pero los fanáticos llegaron en mayor número y antes de lo planeado. Las dificultades para cercar el terreno y la consecuente imposibilidad de controlar la entrada obligaron a volver gratuito el evento, que atrajo mucha más gente de la prevista, casi 500.000 personas. Musicalmente, Woodstock fue un éxito indiscutible, pero con una organización en extremo precaria. El improvisado escenario no contaba con servicios sanitarios ni de primeros auxilios para tal multitud. La congestión en las vías de acceso fue monumental. El grupo que debía iniciar las sesiones no pudo llegar por un trancón de kilómetros. Varios artistas fueron transportados en helicópteros del ejército. Aunque no hubo incidentes violentos, la zona fue declarada de emergencia y luego de desastre.

La principal lección de Woodstock es que la mezcla de alta demanda e informalidad con acceso gratuito puede ser problemática para un evento y desastrosa para el entorno y los vecinos. Aunque el legado musical es innegable sería necio afirmar que tal alboroto hubiera podido alargarse indefinidamente, o que el caos contribuyó al brillo del concierto.

La acción de tutela en Colombia ha sido para la justicia una especie de Woodstock prolongado. Sus promotores se centraron en el contenido, despreciando la organización y los procesos. En el lanzamiento participaron verdaderas estrellas. El público acudió masivamente. Tras dos décadas, queda un legado de jurisprudencia irreversible. Sin embargo, es evidente que la logística es deficiente. Los procedimientos, en la práctica inexistentes, nunca dieron la talla, y la anarquía resultante causó estragos en el vecindario —las demás jurisdicciones— y ha deteriorado la misma tutela, hoy en día rutinaria, impredecible o comodín de tinterillos y corruptos.

Criticar el desorden procesal de la tutela no equivale a reprochar su esencia. Es una terquedad insistir en que la informalidad, la agilidad artificial o la capacidad de interferir en cualquier ámbito son un requisito para la protección de los derechos fundamentales. Esa pretensión sólo se sostiene por la falta de información sistemática sobre lo que no tramita la Corte Constitucional.

Poner orden a la entrada, separar los accesos a distintas tribunas, no mezclar todo tipo de música, impedir que se irrespeten las filas, filtrar oportunistas y carruseles, mantener informado al público... son factores que siempre contribuyen a la calidad de un concierto.

 

*Mauricio Rubio

http://mrp-ee.blogspot.fr

  • Mauricio Rubio | Elespectador.com

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unjurgosobrenimedia

Lun, 02/25/2013 - 13:41
En aras de una discusión pública más seria, se invita a ver el artículo de Castro sobre el tema en Razón Pública, del día de ayer: www.razonpublica.com/index.php/política-y-gobierno-temas-27/3584-la-corte-constitucional-idemasiado-activa.html.
Opinión por:

Bat

Jue, 02/21/2013 - 17:44
Cabría preguntarse si el problema es que se interpongan muchas acciones de tutela, o que se violen los derechos fundamentales de manera tan sistemática (especialmente en la salud, que representa el mayor porcentaje de tutelas en Colombia).
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alexander naranjo

Jue, 02/21/2013 - 09:46
Pero no dijo que una tutela contra la corte suprema la define....ella misma. Que tal. El escrito parecía bueno pero terminó en puras babosadas.
Opinión por:

o.fabian

Jue, 02/21/2013 - 00:42
Es tanta la asimetria del poder en Colombia, que los 70 genios que escribieron la Constitución de 1991 decidieron que era mas simple saltarse todos los elementos supuestamente democráticos de representación y poner a hablar directamente a un ciudadano con la mas alta Corte de Justicia, que hacer que un representante elegido, un concejal, un miembro de asamblea, un Congresista (i.e., representante a la Cámara), o un Senador escuchase la voz de quien lo eligio. Y asi quieren OCDE!
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