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Carlos Granés 22 Ago 2013 - 8:19 pm

La última Cenicienta

Carlos Granés

La historia que cuenta Searching for Sugarman, un premiado documental del sueco Malik Bendjelloul, es sorprendente desde todo punto de vista.

Por: Carlos Granés
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Sixto Rodríguez, un humilde músico estadounidense de ascendencia mexicana, casi un vagabundo que deambula por las calles de Detroit, graba un par de discos a comienzos de los setenta. Por alguna extraña razón, Rodríguez pasa desapercibido. Las críticas son poco entusiastas y sus discos no se venden. Se le cierra el camino de los escenarios y emprende uno menos romántico, como obrero de la construcción. Pero por una casualidad aún más fantástica, una de sus cintas llega a Sudáfrica. No a la Sudáfrica de hoy, sino a la de mediados de los setenta, en pleno apartheid. En ese entorno, viciado por el racismo y el conservadurismo más cerril, las letras de Rodríguez cobran nueva vida. Parecen escritas para expresar lo que sienten los jóvenes blancos hartos del sistema opresivo en el que viven. Rodríguez se convierte en ídolo, un profeta tan venerado como los Beatles y mucho más que los Rolling Stones. Hasta los cachorros del apartheid, los afrikáners, forman bandas de rock influenciadas por él, para luchar contra el racismo. Y mientras las letras de Rodríguez se convertían en un ariete contra el más abominable de los sistemas políticos, él, ajeno a todo esto, derruía casas en Detroit.

Compárese esta historia con otra igualmente entrañable, aunque de signo opuesto. Doña Cecilia Giménez, vecina del municipio español de Borja, decide un día restaurar un mural del Ecce Homo pintado en un santuario de su pueblo. Aunque no es la primera vez que coge los pinceles, el arduo trabajo no da el resultado previsto. La imagen que brota de la pared es la de un ser peludo, con boca colosal y nariz de Michael Jackson; una imagen graciosa y naif, prueba evidente de que el bienintencionado intento de doña Cecilia era una temeridad, pues ella, a diferencia de Rodríguez, carecía del más mínimo talento artístico. Sin embargo, el Ecce Homo le dio la vuelta al mundo y ha llenado a Borja de turistas. Inspiró bromas en el Saturday Night Live y en el Late Night de Conan O’Brien, y su autora, sin quererlo ni proponérselo, se convirtió en una celebridad.

Tengo la certeza de que casos como el de Rodríguez no se van a repetir, aunque muy seguramente el de doña Cecilia sí. Rodríguez pertenece a un mundo que se fue para siempre, el de las cenicientas que tardan décadas en saber que eran princesas, subsistiendo en el anonimato mientras otros miles valoraban su trabajo. Vivimos ahora en el mundo de la celebridad fugaz, un mundo que produce cierto escalofrío, pues cualquier idiotez que hagamos, cualquier error o metedura de pata, puede darle la vuelta al globo convirtiéndonos en el hazmerreír de millones de personas. Este cambio se ha producido en sólo dos décadas, gracias a internet. Hoy al talentoso se le abren mil caminos para exponer su potencial —y eso es magnífico—, pero a la vez quedamos expuestos a ser la diversión barata de un mundo global, que mañana bien puede robarnos la honra a cambio de popularidad.

 

 

*Carlos Granés

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Hoax

Vie, 08/23/2013 - 08:10
Yo creo que ambos fenomenos tienen el mismo origen, y en ocasiones se yuxtaponen.Charlize Theron ganó un Oscar por su interpretación de la asesina en serie Aileen Wuornos en la película Monster; Wuornos aterrorizó a la Florida asesinando a siete hombres, delitos por los que fue condenada a muerte, y ejecutada en 2002; apenas empezaba a ponerse frío el cuerpo de Wuornos y la producción comenzó a grabar.En la 'vida real' la madre de Theron asesinó a su padre alegando violencia doméstica, y la justicia le dio la razón.El problema fue que los productores de la película tomaron elementos prestados de la historia de Theron y los mezclaron con la de Wuornos.Los familiares de las víctimas demandaron a los productores porque los mostraron como responsables de su fatal destino.¿En que terminó? No sé
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