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Columnista invitado 4 Ene 2013 - 11:00 pm

La última cruzada

Columnista invitado

Por: Columnista invitado
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DÍAS ATRÁS, EL ORTODOXO Y ANAcrónico recalcitrante Joseph Ratzinger, cabeza “infalible” de la curia irremediable, abrió cuenta en Twitter. Y es evidente el porqué de este recurso, ahora, cuando la siempre encriptada historia de la decadencia eclesiástica no es encriptada ni abstrusa, y es ante todos los testigos, interesados o no en sus desenlaces, evidentemente turbia y vergonzosa.

El recurso de su intromisión en una red social es sorpresivo para un mundo occidental acostumbrado a los desprecios de los altos clérigos, pero era predecible. El estandarte milenario del orgullo y de la gloria, siempre juzgado por pequeños círculos urgidos de lógica y cordura, había iniciado su derrumbe estrepitoso desde el día en que Irlanda resonó con un escándalo de pedofilia en sus confesionarios (hecho común en el largo historial intramural de los siglos, ahora público y masificado), y en poco tiempo, en la avalancha afortunada del denuncio, y en el recurso universal y práctico de la virtualidad, el mundo conocía a escalas cósmicas lo conocido sólo en células siempre invisibles al común de los hombres en el básico y común de los sucesos; la perversión y la increíble desvergüenza de una empresa que subsiste aún después de todo: dos mil años de infamia, de impiedad, de intolerancia y de sevicia, dos mil años de invasiones, misoginia y homofobia. La misma empresa sin rubor que cumple aún con el decreto piadoso de Juan XXIII, Crimen sollicitationis, ideado para invisibilizar, ocultar y maquillar todos los hechos sexuales que amenacen e incriminen el nombre de un ungido, hoy recurre a un método eficaz para evitar que el éxodo de sus discípulos sea total y contundente, y conlleve a la derrota estruendosa de sus veinte siglos de jactancia: utilizar la plataforma virtual para el contacto directo con el mundo y espantar la generalizada decepción y el ascendente asco de esta historia a través de cortesías instantáneas.

Todo un recurso vivaz en el desastre, toda una lúcida estrategia, pero el discurso irrefrenable de su sorda moral no es compatible en las generaciones recientes, no responde a las necesidades de un progreso abierto y tolerante, no concuerda en los avances del tiempo que procura desprenderse de sus vicios. Ellos insisten en la opción de la maledicencia y la segregación bajo el poder del dogma, esa lápida perfecta y exacta en un mundo naturalmente inexacto, ellos insisten en negar los avatares de la evolución y las respuestas comprobables de la ciencia, ellos prefieren el absolutismo, un gobierno universal en el que el único patriarca irrefutable sea un vástago del cónclave (esa oscura democracia sin testigos).

Pero en el riesgo del fin y a puertas del colapso, optan por Twitter, por el mundo virtual. Olvidan la arrogancia jerárquica porque es su última estrategia, rehusan la arcaica petulancia del silencio, porque es su única esperanza, ignoran la logística sacramental porque lo saben, esa es su última cruzada.

  • Juan David Ochoa | Elespectador.com

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26 Jul - 11:15 pm f

Rostros

Delante de mí, la persiana; después de la persiana, fantasmas: Robert Graves, Baudelaire, Sartre, Camus, Piaf, Storni, Woolf, Cortázar, Borges, Quiroga, y más y más fantasmas que no quieren traspasar la persiana que me obstino en dejar entreabierta. Cierro la ventana y se cierra el mundo, deseo hacer memoria de los rostros de los maestros del pensamiento occidental para reconocer en ellos la alegría de las que tanto nos ufanamos. Paso la página para buscar mejores rostros, más humanos y más sosegados pero, por el contrario, me encuentro con los rostros de Beckett, Artaud, Van Gogh, García Márquez, Castaneda, Carpentier, Rulfo: fantasmas que se evaden por regiones de ilusión, protagonistas de una obra que ha escrito alguien en medio de una vasta soledad. Tal vez si buscamos rostros en el fútbol: Pelé, Maradona, Batistuta, Higuita, Mondragón, Raffo, Goycochea. Más rostros pletóricos de tristezas por sus derrotas. Rostros que aluden al fútbol siempre en falta, con ganas de reír pero con la tristeza profunda de quien nace derrotado: el fútbol es el espacio de la celebración de la desesperanza porque la derrota le gana. Un instante de felicidad mientras se hace el gol, pero un eterno nubarrón porque se acabó el partido y hay derrota. Abro la persiana y el mundo permanece cerrado, una Copa América es un evento americano, pero a Lio Messi le obligan a ser algo más que un futbolista mundial; le exigen ganar siempre porque está en deuda pero, paradójicamente, lo ha ganado todo. ¿Todo? Wilde, Unamuno, Poe, Dostoievski, Maupassant, Balzac, Calderón de la Barca, Vargas Vila, Quevedo, Dante, Moliere, Sófocles, Van Gogh, Cioran y Heidegger. El rostro de Messi, después de la derrota ante Chile, representa el gran triunfo de la caída, el triunfo de quienes caen y ya no quieren renacer. Este rostro me recordó que somos frágiles y que la cacareada felicidad depende de detalles simples (un abrazo, una conquista con los afectos). El rostro de Messi, que se ha hecho viral, es el virus de la dignidad hecha trizas por el fútbol, es deporte en el que todo está en juego: el amor, la locura y la muerte. Messi está lejos de ser un dios y, por ello, no puede ser más: un ser humano con sus debilidades, amores e, incluso, con sus mudeces y rayones “No le pidamos peras al olmo”, las peras no meten goles y los olmos son olmos. El colmo. Es falible, como todos. Lo tiene todo y hoy está vacío. Me duele el rostro de Messi.

25 Jul - 9:00 pm

Un plebiscito cordial

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