Por: Aura Lucía Mera

Un canal bandera

Años luz de ventaja le lleva Canal Capital a todas las demás programadoras de los canales privados y públicos de la televisión colombiana.

Es increíble que un canal, por el que antes de que llegara Gustavo Petro a la Alcaldía de Bogotá nadie daba un peso, bajo la dirección de Hollman Morris crezca cada día como la espuma en audiencia, calidad de programación, espacios de reflexión y entretenimiento.

Sé que a Morris no le ha sido fácil su tarea. Mojigatos han tratado de ponerle todos los palos a esa rueda que cada día cobra mayor ritmo.

La serie Crónicas de un sueño nos descorre el velo tupido de nuestra realidad como país desde los años ochenta, esa realidad camuflada y relatada a trocitos en medio de crónicas de farándula o goles de cuanto equipo existiera.

Logra, por primera vez, darles voz y presencia corporal a las víctimas y a muchos victimarios. Muestra nuestra geografía, en la que, por fin, los campesinos no son parte del paisaje, sino seres vivos, que han vivido, sufrido, sobrevivido masacres de guerrilleros y paras, de mafiosos y delincuentes comunes. La serie no toma partido. Escucha.

La serie nos despierta a nuestra realidad, alentando cada vez más ese deseo urgente, casi visceral, que tenemos la mayoría de los colombianos por lograr la paz. Por repudiar todas aquellas políticas y movimientos que se oponen a que por este país siga corriendo sangre inocente. No se justifica más sangre. Sangre derramada inútilmente. Violencia dirigida y manipulada por aquellos que jamás se dejan rozar de un espino, pero que no les tiembla la voz para desangrar, cuando se trata de conveniencias políticas o ambiciones personales.

Crónicas de un sueño es un viaje al interior de nosotros mismos como ciudadanos. Cómo vemos, lentamente, esa caída en picada hacia el infierno desde que los guerrilleros perdieron su norte ideológico, empresarios y terratenientes apoyados por el Gobierno de entonces dieron luz verde a los paramilitares, y las mafias de la droga se fueron adueñando de todas las conciencias y comprando poder con el dinero maldito del narcotráfico. Mejor dicho, cómo nos fuimos “putiando”, lenta pero inexorablemente.

Canal Capital se lleva las palmas de oro de la TV. Morris demuestra que la televisión sí puede ser interesante, realista, divertida, contestataria, educativa y original. Es patético zapear los demás canales y comparar cómo se venden por un rating. Me quito el sombrero. Felicito al alcalde Petro, que en esto sí se puso la camiseta. A Hollman Morris sólo le digo que siga adelante, quitando máscaras, mostrándonos lo que hemos sido y proponiéndonos lo que podemos llegar a ser.

PD. Desafortunada la decisión de la Universidad Javeriana de cancelar, después de diez años, el festival audiovisual del Ciclo Rosa, con su muestra de cine gay, foros, debates y conferencias. Ganó el round la ultraderecha de la inquisición. Pudo más la presión de los godos. La Universidad Javeriana reculó, como se dice vulgarmente. Se vuelven los jesuitas a esconder tras ese hábito negro, en nombre de Dios (¿?) y prefieren pasar de agache, a contracorriente de la realidad. Lástima.

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