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William Ospina 14 Sep 2013 - 11:00 pm

Un cuento

William Ospina

ALGUNA VEZ LE DIJE A MI AMIGA TAnia Roelens que me entristecía un poco viajar por Francia, porque en un trayecto en tren entre París y Burdeos, unas cinco horas, no había visto una sola persona en los campos: sólo de pronto, allá, en la distancia, un tractor en movimiento por la llanura, y eso era todo.

Por: William Ospina

Acostumbrado a andar por Colombia, donde se ve gente por todas partes, caminantes por las vías a cualquier hora, casas a orillas de las carreteras hasta en el páramo, me parecía desolador ese espectáculo de un mundo hermoso y vacío. Tania me dijo que yo exageraba, pero un día tuvimos la oportunidad de hacer juntos el viaje, y pudo comprobar que era verdad lo que le dije. Era otra estación, no recuerdo ya si otoño o primavera, pero igual no había nadie.

Acaso lo que me parecía triste era comparar los campos actuales con esos que vemos en los cuadros de Brueghel, las campiñas de Europa hace siglos, las rondas, las granjas, las partidas de caza, los niños corriendo por los sotos, los caballos, las carretas, un paisaje lleno de belleza natural y de conmovedora humanidad.

Me dije que a lo mejor era una fantasía del pintor: que la vida en los campos, en los escasos tiempos en que no había guerra, no podía ser tan animada, a pesar de lo que nos cuentan las leyendas, los cuentos de hadas, las novelas, los poemas de Joachim du Bellay, de Ronsard o de Víctor Hugo.

Pero un día tuve la oportunidad de visitar la Moldavia rumana, cerca de la frontera con Rusia, en un otoño espléndido que llenaba de amarillos y ocres y naranjas y rojos los bosques de hayas y castaños, de robles y arces, y descubrí que aquello que yo creía fantasía existía realmente.

En esos campos, que además están llenos de pequeñas capillas pintadas de colores, había campesinos amontonando el heno junto a las granjas, mujeres afuera de unas casas llenas de adornos, carretas cargadas de remolachas y de frutas, arrastradas por caballos enormes color de fuego, niños que saltaban por las cañadas, perros, pájaros: un colorido y una vida que no parecían realidad sino leyenda.

Le señalé esas cosas a un escritor europeo que iba conmigo y me dijo: “Son cosas premodernas, ya se acabarán”. Me aseguró que el futuro eran esos campos franceses con agricultura tecnificada, donde la gente no tenía que padecer las miserias, los sufrimientos del mundo rural. A mí ese mundo no me parecía tan triste como los campos tecnificados de Francia, ni tan tedioso, pero callé discretamente, porque estaba claro que yo pertenecía a una manera de ser y de mirar condenada a desaparecer.

Pero no he dejado de sentir, viendo cómo viven las personas incluso en las sórdidas banlieus parisinas, que no necesariamente este mundo urbano es lo más deseable, y parecen darme la razón los muchos habitantes urbanos que luchan por conseguirse una casa de campo y vivir lejos de los termiteros neuróticos, en la vecindad de unos duraznos, unos almendros y algún arroyo lleno de hojas.

Es verdad que la nostalgia nos hace idealizar el pasado, considerar deseables unas maneras de vivir que para muchos no fueron precisamente felices, pero también es cierto que a menudo las promesas de la modernidad no son más que señuelos, y en el horizonte desaforado de las metrópolis no se encuentra tampoco ese paraíso de confort y de plenitud que mienten los augures de la sociedad industrial.

En Colombia, en los años cincuenta, los teóricos de la economía hasta les recomendaban a los gobiernos estimular el éxodo de campesinos, porque la industria absorbería esa fuerza de trabajo desplazada. El futuro era la ciudad, sus servicios, sus espectáculos. Pero bien sabemos cuál fue el futuro que recibió a los campesinos en las ciudades, y si no lo sabemos podemos leer de nuevo la historia de la violencia urbana, de la exclusión, del hambre, de las mafias y el sicariato, de la delincuencia, tantas cosas que no aparecían en la cartilla de los augures.

En el futuro que están diseñando para Colombia estos gobiernos, no caben, ya se sabe, los campesinos, como nos enseñó a verlos la tradición. Alguien les contó a los funcionarios que en Estados Unidos ya no hay campesinado sino agricultura industrial, y ellos parecen convencidos de que hay que acabar rápido con la agricultura tradicional y con los campesinos.

También nos contaron que Colombia dejó de ser un país rural y se convirtió en un país urbano: “el 75 por ciento en las ciudades, el 25 en los campos”. El arroz y el maíz vendrán del norte, el café de Ecuador, la papa de Polonia o de Rusia, los peces contaminados de Vietnam. El pasado quedó atrás. Y así como en los años cincuenta la violencia expulsó a dos millones de campesinos, en los últimos 20 se expulsaron otros cinco millones y fueron arrebatadas cinco millones de hectáreas.

Este gobierno, frente al paro agrario, nombró un ministro de Agricultura que al parecer trae la intención de proponerles a los campesinos que olviden el viejo modelo y se hagan socios de la industria. Pero quedan más de 12 millones de campesinos: la población de Bogotá, Cali y Medellín juntas. Y así como en los años cincuenta los desterrados no encontraron en las ciudades esa industria acogedora que les ofreciera trabajo, sino hambre, rebusque y violencia, mucho me temo que ni este gobierno ni los siguientes van a convertir a esos millones de campesinos en prósperos empresarios, ni a Colombia en Francia.

Pero sí hay empresarios a los que les conviene echar ese cuento. Un cuento más increíble que los cuadros de Brueghel.

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Juan Peñaloza M

Lun, 09/16/2013 - 21:04
Gracias señor William Ospina, no solo nos habla de que se esconde detras de los sucedido en el paro agrario, mostrar el lado humanistico es tan importante y que no hay que hacer a un lado, esos mecanismo de produccion nos quitaran lo mas valioso a los humanos.
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anti-Xiatan

Lun, 09/16/2013 - 07:37
Santos nunca ha dejado de ser neoliberal. Es su esencia y cambiarla es imposible. Colombia necesita un gobierno que no esté atado a la agenda de los mercados financieros y las corporaciones multinacionales. Un gobierno independiente que vele por los intereses nacionales.
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demevelu

Dom, 09/15/2013 - 19:32
EL DEDO EN LA REALIDAD. SE NECESITA CAMPESINOS INGENUOS EN LA CIUDAD, PARA QUE SE ALQUILEN POR SALARIOS MISERABLES Y LES ENTREGUEN UN SUBSIDIO Y CLARO EL RESPECTIVO PRÉSTAMOS PARA MANTENERLO ESCLAVO CON EL CUENTO DE UNA PENSIÓN. POBRE PUEBLO, SOLO DIOS OBRARÁ A SU FAVOR Y PARA QUE MÁS.
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suesse

Dom, 09/15/2013 - 17:55
Es que toda idea, asi sea buena, termina deformada y convertida en su contrario, en el momento de "aplicarse" en este amoral, antiético y lleno de cómodos y avivatos país del medioevo....
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Ar mareo

Dom, 09/15/2013 - 17:26
Es muy facil defender la vida campesina como la defienden nuestros antropologos desde sus catedras en bogota y sus restaurantes del norte. Los campesinos colombianos son pobres entre los pobres y poco tiene de romantico el estar condenado a una vida sin oportunidades a cargar un azadon o vivir con un coco de plastico amarrado a la cintura sin saber si ese anho habra con que comer. Como se disfruta del campo..... cuando no se tiene q vivir de el!!
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Patecaucho Cibernético

Dom, 09/15/2013 - 16:04
Y como lo escribió el mismo Ospina... no solo son 5 horas sin ver una persona en el paisaje, sino 5 horas viendo el mismo árbol repetirse y repetirse. Yo por mi parte ya "aseguré" mi chagra en las tierras altas del Norte del Valle... como dijo Virgilio..."rodeado de trigales, viñedos y pinares".
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anti-Xiatan

Lun, 09/16/2013 - 07:39
¿Le costó mucho trabajo hacer un comentario sin amenazar, sin insultar, y sin agredir?
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Gildán Brunesky

Dom, 09/15/2013 - 15:06
El sublime éxtasis de todos los domingos.
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alex always

Dom, 09/15/2013 - 12:35
La crónica relata que todos sabían que al hombre lo asesinarían, sólo él no lo sabía. El campo colombiano por lo fértil y su riqueza prodigiosa, lo envidian, lo codician y lo desean como la mejor mina. Esa tierra tiene un interés y no lo vemos nosotros, la ven los de afuera y eso es lo que cuenta. Nuestros campesinos siguen siendo tratados como forasteros en lo que es de ellos, no hay quien defienda el campo y en el peor de los casos éste comenzó su etapa de desalojo y abandono, al mejor de los campos europeos ya brilla por su soledad. La violencia hizo desaparecer a sus verdaderos dueños y hoy operan los corruptos y asesinos como dueños, patentados por un gobierno inepto y cómplice de la barbarie a la que fueron sometidos los que hoy reclaman que se les trate como seres humanos.
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BENCOS

Dom, 09/15/2013 - 11:45
En conclusion: el ministro de agricultura es un traidor a los campesinos y a la economia nacional
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comentandoj

Dom, 09/15/2013 - 11:44
No, en Colombia no se ve gente por todas partes. Si usted camina por el Valle del Cauca, especialmente donde asentaron sus reales los ingenios azucareros, lo más probable es que se encuentre con ese panorama desolador, triste y sin campesinos de Francia; kilómetros y kilómetros sin encontrar un caserío, una tienda. un pequeño rancho dónde comprar una totumada de agua, sólo caña y más caña, a lo lejos chimeneas y trenes de caña. Boyacá, Cundinamarca y el resto de Colombia son la Moldavia rumana, que la clase dirigente quiere acabar para los cultivos de palma africana para fabricar combustibles. Triste destino el del campesino colombiano, pues no cabe en la ciudad y ahora tampoco en el campo.
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suesse

Dom, 09/15/2013 - 17:58
Es que ni los que medio sobrev iven en las "ciudades" esas, ya caben....lo que hay es que sacar gente de esos monstruos sin futuro que son Bogota, Medellin, Cali, etc,etc...
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morenoelesceptico

Dom, 09/15/2013 - 11:27
Cada uno tira para su costal. A los terroristas y sus paniaguados no puede interesarles el campo moderno. A sus 12 millones de esclavos, muertos de hambre y de miedo, los utilizan para desfilar en sus Marchas Patrióticas, paros agrarios, sembrar coca, recogerla y ponerla en los laboratorios, cuidar secuestrados, carros robados, misiles con azúcar y demás actividades en sus Zonas guerrillerinas. Solo les permiten sus cultivos de pancoger, y les darán lo que llaman "educación gratuita", que consiste en adoctrinarlos en le comunismo castrista. Mientras, la élite mamerta viaja por USA y Europa para disfrutar de la odiosa cultura occidental y su sistema capitalista.
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elseñordelasmoscas

Dom, 09/15/2013 - 10:55
Ni para qué escribo. Me da tanta indignación ver a nuestros campesinos luchando por nuestro futuro alimentario, mientras los oligarcas importadores se regocijan con la "industria".
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sincorruptos

Dom, 09/15/2013 - 09:43
Ese es el drama del desarrollo, la tecnologia, la exclusion y la maquinaria de la corrupcion politica, administrative y oligarca. La 3era Guerra mundial parece que fuera a fraguarse entre el 99% de la poblacion empobrecida contra el 1% de los torcidos con poderes politicos, economicos y militares.
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decartonpiedra

Dom, 09/15/2013 - 09:05
Lo que quiere implantar Santos aquí es más parecido a lo que hacen los grandes industriales en África a la agricultura de Francia. Es la africanización de Colombia. Mucho me temo que un día terminemos como en el cuerno de África. Losprecios de los alimentos se fiarán en Londres o N.York y los locales no endrán posibilidad de comprárselo.
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suesse

Dom, 09/15/2013 - 18:01
Por eso, entre otras cosas, es que hacia rato rato decia yo por aqui que debiéramos estar cantando "hello Africa, tell me how you`re doing"? O que ibamos a terminar cual pais de Diamantes de Sangre.....pero como hay que espera a que pasen las cosas...
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decartonpiedra

Dom, 09/15/2013 - 09:01
y si la mecanización ha reducido la mano de obra en el campo y mejorado las condiciones de vida, es cierto, pero no ha concentrado la tierra. Si en vez de ir por las vías del tren hubiera alquilado un carro y recorrido las carreteras municipales y departamentales hubiera descubierto las aldeas (hameaux) francesas y en las plazas de mercado los domingos la venta directa al consumidor de los productos del terroir.
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decartonpiedra

Dom, 09/15/2013 - 08:59
William se equivoca esta vez. Francia es un país de pequeños propietarios. Tener 10 hectáreas en Francia es suficiente para producir. La agricultura industrial no es lo mismo que la que se sirve de máquinas como tractores y otro tipo de máquinas. Todos los campesinos tienen acceso a la maquinaria pero no son industriales. Lo que siembran y recogen lo venden a cooperativas.
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luispuyana

Dom, 09/15/2013 - 08:48
El dizque el Nuevo AGro de santos de la mano del capital financiros es para la agrioindustria norteamericana se ajusta en todo al primer discurso de Obama como presidente al sostener: 'A los pueblos de las naciones pobres, prometemos trabajar con ustedes para HACER FLORECER SUS CULTIVOS y que fluyan el agua limpia, dar de comer a los cuerpos desnutridos y alimentar ESPÍIRITUS VORACES', ___si voraces de neoliberalismo, pues LO QUE FLORECERÁ EN LA ALTILLANURA SON LOS CULTIVOS DE LA AGRIOINDUSTRIA NORTEAMERICANA, la que tendrá todo el respaldo en subsidios de nuestro presupuesto para carreteras y obras de regadio, LOS QUE POR 100 AÑOS LE HA NEGADO A NUESTROS CAMPESINOS DEL INTERIOR DEL PAÍS, carreteras terciarias de lo rural a sus municipios practicamente no existen, pero si para EEUU.
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luispuyana

Dom, 09/15/2013 - 08:16
Y la acertada prosa de William Ospina lo corroboran las frías cifras que nos demuestran que las ciudades siguen creciendo en ríos de gente y el campo cada vez en menos manos, en las naciones industrializadas y en las atrasadas donde las anteriores mantienen el latifundio ocioso o mal aprovechado en cultivar palma para producir etanol. la concentración de tierras se hace todavía a sangre y plomo, que fue lo sucedido en el gobierno del uribe y QUE HOY LEGALIZA CON LA LEY URRUTIA, EL SANTOS, COLOMBIA PARA LOS EXTRANJEROS, pues nos llegaron los NUEVOS LLANEROS DE LA AGROINDUSTRIA NORTEAMERICANA QUE DESPLAZAN A LOS VIEJOS LLANEROS, a quienes les compran los Nuevos Llaneros a 10 MILLONES SUS FINCAS Y CUANDO AÚN LA FIRMA DE LA COMPRAVENTA ESTA FRESQUITA SE ELEVA COSTO TIERRA A 3 MIL MILLONES.
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koyac

Dom, 09/15/2013 - 08:06
No es un cuento lo que ocurre en Colombia. El modelo empresarial juntó las dos pobrezas: la de la ciudad y la del campo. En las ciuadades hacinó a los que vienen del campo y en el campo los dejó a la deriva. Hoy, si se quiere, hay que solucionar dos pobrezas, dos miserias, la de las ciudades y las del campo. El paro agrario hizo astillas los estudios que tiene los "expertos" sobre lo que ocurre en este país; este y el resto de gobiernos que lo han precedido no saben, no tienen políticas, de cómo enfrentar las miserias que sembraron, y la única respuesta es más violencia. Los problemas agrarios son de más hondo calado y las soluciones siguen siendo las mismas recetas de siempre. Muy bueno su artículo.
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Condoricosas

Dom, 09/15/2013 - 05:34
Según datos recogidos en su columna del jueves por Tatiana Acevedo, Colombia es “uno de los países que más utilizan pesticidas. Aplicando un promedio de 15,3 kilogramos de químicos por hectárea”. En comparación, Francia aplica solamente 5 kilogramos por hectárea. Hay que aclarar que, en razón de su agricultura tecnificada, Francia es el tercer consumidor mundial de pesticidas, después de Estados Unidos y Japón. Sin embargo, utiliza tres veces menos pesticidas por hectárea que Colombia. ¡Vaya paradoja! ¿Cómo se explica? Avanzo dos razones: 1. Debido a la laxitud de las autoridades ambientales, en Colombia se usan plaguicidas que están prohibidos en Europa. 2. La tecnificación aumenta el rendimiento de estas sustancias. Es verdad que la agricultura extensiva ha transformado el paisaje francés, ocasionado la perdida de hábitats, de especies silvestres y la contaminación de los ríos. Pero la bucólica Colombia que pinta Ospina no es tal: los campesinos que aplican los pesticidas manualmente se están (y nos están) envenenando.
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Boyancio

Dom, 09/15/2013 - 03:22
Amigo Ospina: el alboroto que han armado con los trabajadores del campo de menor rango en billete recibido llamados también campesinos, que está de moda, no es más que un pueblo que respira por la herida de la frustración, de haber quedado por fuera de los mecanismos incluyentes. Pero no se han dado de cuenta que hay un grupo social que está más abajo en la escala de valores y del recibo del billete como son los pescadores artesanales de las ciénagas y de las orillas de los ríos, tanto del Magdalena y sus afluentes, como del Orinoco y la puta mierda.
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Acróbata Sobreviviente

Dom, 09/15/2013 - 00:59
Hice el mismo trayecto en TGV: colza, colza, colza. Lúgubre a morir.
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polista

Sab, 09/14/2013 - 23:59
El cuadro que relata el maestro se refiere a nuestra vivencia en la que el campo a pesar de la violencia estaba poblado y nutrido , con mercados locales llenos de actividad , vida y personas , eso está bien para los que amamos al pueblo , a la gente y que vemos en lo sencillo la alegría de vivir y la oportunidad de las grandes mayorías de acomodarse a ser útiles y tener una actividad y razón de vida. Esto contrasta con la enriquecida campiña francesa , con el agro gringo y como los terratenientes de Colombia , arroceros , cañeros , palmicultores ven el campo , despoblado , con poca laboriosidad humana y a los campesinos como peones asalariados a su servicio. Me gusta la alternativa cooperativa que suma a la ventaja de la productividad la vinculación directa de socios activos.
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Boyancio

Dom, 09/15/2013 - 03:28
La campiña francesa es la planicie más extensa de Europa que se puede mecanizar; sea exponer que, las quebradas montañas de la republiqueta, han sido las que han protegido al pequeño agricultor del despojo violento de los señores cacos de billete y alcurnia. Si el campo da villete,,,se van de aquí hijueputas, que llegaron las multinacionales en asocio con los testaferros de la llamada oligarquía cachaca.
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