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Mauricio Rubio 1 Mayo 2013 - 8:04 pm

Un extraño reencauche de los hippies

Mauricio Rubio

Recostada en el sofá oyendo a Brahms, Erica vio cómo "las notas del solo de violín encendían tres hebras de luz de color rojo oscuro que corrían como el agua en mi campo visual derecho … la entrada de otro violín tornó el cielo amarillo y trajo consigo la cola de un cometa con pedazos de cuerpo volando".

Por: Mauricio Rubio
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Todo esto ocurría justo después de haber tomado una pastilla de psilocibina, el elemento psicoactivo de los hongos mágicos, los mismos que hace como cuarenta años los hippies recogían en el estiércol del ganado cebú que pastaba a orillas del río La Miel, al oriente de Caldas, para sus sesiones de alucinación, espiritualidad y paz.

Aunque Erica Rex tal vez pregone el amor y no la guerra, no usa camisetas teñidas a mano, chaleco de cuero con flecos o falda hindú. Es una periodista norteamericana que hace parte del grupo de pacientes con cáncer a quienes la escuela de medicina de la universidad de Johns Hopkins administra experimentalmente el alucinógeno para mejorarles el ánimo y ayudarles a recuperar el sentido de la existencia tras las devastadoras secuelas mentales de su enfermedad.

Diagnosticada con cáncer de mama en el 2009, después de la lumpectomía y un año de radioterapia su pronóstico médico era favorable. Pero “en lugar seguir adelante alegremente con mi vida, me pasaba casi todos los días llorando”. Su marido, que la acompañó y apoyó a lo largo del tratamiento, no supo cómo manejar la depresión y empezó a ausentarse por largos períodos.

Los impresionantes avances logrados en el tratamiento y la cura del cáncer no han ido a la par con el acompañamiento mental y emocional que requieren los convalecientes para retomar su vida después de la recuperación médica. La desmoralización de Erica, su terror existencial, ese “estado de déficit espiritual”, es común entre los pacientes de cáncer.

No se conocen los mecanismos precisos de acción de la psilocibina. Se piensa que su efecto curativo radica “en el mundo intrapsíquico que el fármaco evoca durante una sesión”. Lo cierto es que funciona. Todos los participantes en el estudio reportaron mejoría sostenida en su estado de ánimo y reducción de la ansiedad después de las sesiones, con efectos que duraron al menos seis meses. Los pacientes mencionan “picos trascendentales” que describen como “los eventos más significativos” de sus vidas. Seguramente estarían de acuerdo con los hippies colombianos que describían la experiencia con los hongos como “correr el velo y descubrir el interior del ser”.

http://mrp-ee.blogspot.fr/

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