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Diana Castro Benetti 14 Dic 2012 - 11:00 pm

Itinerario

Un paso

Diana Castro Benetti

Aunque alguien nos declaró sedentarios hace miles de años, el nomadismo sigue tan vigente como en tiempos primigenios. Todo horizonte nos fascina, obnubila y atrae como un espejismo irresuelto. Seamos nómadas de la virtualidad o caminantes de las pasiones, viajamos llenos de extrañas combinaciones hechas de cables, doctrinas, rencores, mascotas y delicias.

Por: Diana Castro Benetti
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Y resulta bien cierto que la vida es un camino y que, como símbolo, el nómada aún sigue vigente. Es un caminante que vive sin ataduras o que, tal vez, se encoge de hombros ante los éxitos del que acumula y se desangra por un pequeño poder. El que anda no mata sus espejismos, ni los venera; tampoco se agarra a una idea o a un lugar y mucho menos se sorprende con lo que ve. Sólo observa, acepta, avanza, imagina, sonríe y se despide. Va.

Caminar es una bisagra entre un espacio interno y una zona exótica, casi paranormal, donde los otros habitan. Es el despliegue del ser, es la vida desenvolviéndose en cada momento para renovar los sentidos. Es el reflejo de lo que somos, ermitaños o gregarios donde unos prefieren los viajes al más allá y las luces de visiones angelicales y otros anclan sus deseos en la vereda de enfrente para arar futuros en la tierra de los abuelos. Nos desenvolvemos según las circunstancias y, ahí, somos lo evidente de nuestras propias esclavitudes.

Todo camino tiene su carga, su vocación y su cumbre. Cada quien abre los confines de su alma o le cierra la puerta al espíritu para sentir su carne. Caminos circulares, laberínticos, en espiral o tan rectos como la aburrición y donde hay que agarrarse a la estrella o a los barrotes más cercanos. Cada quien pone un pie tras otro e inventa su destino sin el mayor cuidado de preguntarse si es útil, apasionado, amado o loco.

Y al final del día se nos olvida que somos seres marginales e inventores, seres de las fronteras y de lo indefinido, seres con fallebas que se abren a las utopías, los deseos y las simpatías. Se nos olvida que amaneceremos con los matices y los grises más que con las certezas y las victorias. Al abrir los ojos, todos somos tan mendigos como magnánimos, tan ilusos como crédulos, tan ateos como idólatras porque, casi sin saberlo, veneramos a la curiosidad, esa diosa única que da un paso tras otro para develarnos el único camino extraordinario: el propio.

  • Diana Castro Benetti | Elespectador.com

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suesse

Sab, 12/15/2012 - 15:17
El propio camino....si más gente lo supiera, lo buscara, lo encontrara, lo construyera sin tanto temor....
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:06
Ese 'alguien (que) nos declaró sedentarios hace miles de años' podría haber sido más de un mancito. ¿oriental? seguramente. Lo que queda chuzando el alma, Dianita, es la omisión de otro orientalazo: el yo, el gran yo, monsieur le moi -el yocito, el yocito de cada uno de nos-. Ese mítico y pedernaludo yo que desaparecerá. “¡Yo, yo, yo!”, se desgañitan gritando. […] ¿Cómo lograr que pasen de la palabra Yo a la palabra Dios?. Margarita Yourcenar, en sus términos más laicos, repite: “Es imposible construir una sociedad tolerable mientras todo el mundo grite: “¡Yo, yo, yo!”
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usacabeza

Sab, 12/15/2012 - 22:14
El epitafio en la tumba de Marguerite Yourcenar fue tomado de su novela El abismo; en el plinto se lee en francés: «Plaise à Celui qui Est peut-être de dilater le coeur de l'homme à la mesure de toute la vie.», mi versión en español (susceptible de mejoras): "Complacido quien por suerte pueda expandir el corazón humano a la vida en plenitud"
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:32
Advierto lo del "orientalazo" porque conlleva sus riesgos new-ageros, como lo advierte nuestra dulcísima pero tenaz Margarita Yourcenar: Se ha deformado a Oriente, desde todos los tiempos, desde un nómada por antonomasia como Marco Polo (quien tuvo una visión del Tíbet mágico en el siglo XIII) hasta los clichecitos del cine gringo. La Yourcenar aunque resalta la importancia de la dimensión metafísica sugiere no caer en el exotismo, ni coloridos locales, ni libertinajes: el Oriente –ojo- nos puede inducir a lo galante y lo pintoresco. Sin embargo,“Hay campos, como el de la religión y el de la poesía, que deben permanecer oscuros. O deslumbrantes, que es lo mismo”
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:29
El yo nuclear de las obras de MY representa por excelencia el egotismo (término creado, dice ella, por Stendhal para expresar el sentimiento exagerado de la propia personalidad). Claro, entendemos que primero somos sedentarios. En la mayoría de los casos, recibimos nuestra primera educación en el seno del hogar, y se nos inculca la idea de las aspiraciones “Convertirse en un gran músico/ingeniero/presidente. Es posible que a los aristócratas les vaya mejor, pues la verdadera aristocracia permite conocer bastante bien esa cosa que por todas partes llaman "la vida"; y este 'know how' cachezudo nos hace ganar el año, pues evita gastar nuestras energías en interesarnos por la mera existencia contemporánea.
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:22
En parte, y quizás por estas razones, lo 'nómada' tiene que ver más – je pense que – con nuestra apertura e integración con el Todo, independientemente (o paradójicamente a causa de) del fondo genético del 'otro yo' inaugural del que somos incialmente prisioneros (de sí mismo) que sólo el arte podrá liberar. Lo bacano que dice Dianita es que el recorrido (la razón de ser del nómada) nos lleva de la liberación a la libertad, del conocimiento a la sabiduría.
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:21
Empezando por disolver lo que MY puso siempre en tela de juicio: la“felicidad” de las uniones amorosas y la visión tradicional de la pareja, en la que predominan el narcisismo y el egoísmo. Así, pues, ser Nómada es peligroso, socialmente estigmatizable: se puede llegar a constatar la pérdida de autonomía cuando se es parte del núcleo social: nuestro papel, dentro de la vida familiar, está ya fijado con relación al resto de la familia. Somos el hijo, el hermano, el marido, ¿qué sé yo?”
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:20
Y doloroso porque caminando podemos comprobar, además, lo humillante que resulta pensar que tantas aspiraciones confusas, tantas emociones (sin contar los sufrimientos) tienen una explicación fisiológica. Al principio, esta idea puede avergonzarnos: que también la vida no es más que un secreto fisiológico. Y –oh horror- que que el narcisismo, ese amor sexual de sí, opera en el sujeto un desdoblamiento de la energía sexual que emana de adentro, del Yo, y orienta su propia búsqueda al exterior, hacia el Otro.
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:18
El vehículo de esa exploración es por lo general el deseo homosexual (deseo de sí mismo transformado en objeto de amor). Como Narciso y su deseo que lo hace prisionero en el mundo de la representación de los objetos: el amor por las imágenes que captan el instante presente -la imagen estable, inalterable. El retrato: representación imperturbable de Narciso, arrebatada al torrente del tiempo. Lástima por el actual sedentario urbano que parece ignorar la terrible partición de su narciso, pues ni de fundas se plantea aquello de "lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser, y lo que fue...”
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:16
De lo mejorcito del mensaje del nómada de Dianita es la Disolución de las categorías: las formas que se deshacen en el mundo de narciso (en contraste con la solladura del nómada que “observa, acepta, avanza, imagina, sonríe y se despide. Va.”) para poder acceder a la unión con el cosmos. “Si abrimos las manos, podemos recibir todas las cosas. Si estamos vacíos, podemos contener el universo entero".
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:13
El Vacío es la condición del espíritu que no se aferra a objeto alguno. Deconstrucción, a través del lenguaje, de las categorías y conceptos que conforman al ser humano; categorías base de los conflictos, puesto que es respecto a ellas que el hombre asume una posición que lo separa de los otros y lo opone a ellos. La historia de la violencia de la humanidad tiene como origen las nociones de patria, religión, política, formas insidiosas del poder.
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Sybill P. Trelawney

Sab, 12/15/2012 - 13:11
Disolución de la categoría del YO: ese desplazamiento del yo del centro a la periferia. Pues se trata de ese yo cuyo centro está en todas partes y que –por nómada- es cambiante, inestable, inasible: como el budismo que insiste en el carácter transitorio de ese yo y en la necesidad de sobrepasarlo. Y esta otra perla: el cristianismo, por el contrario, a través del mandato imperativo de amar a los demás como a sí mismo, hace del yo el centro del universo, el punto de partida –y sobre todo de llegada? del amor y la caridad. El famoso “Dar al César lo...” es, para algunos exégetas, la opción de entender el acceso, la apertura trascendente; que el desplazarse de lo particular a lo general, de lo individual a lo universal, puede integrar el yo a una entidad más amplia, a Dios.
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kalamedellin

Sab, 12/15/2012 - 11:26
Felicitaciones Diana por su hermoso texto...En estos días en que una gran mayoría de seres humanos se pregunta por el sentido de la vida, leer algo así resulta reconfortante...
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usacabeza

Sab, 12/15/2012 - 11:09
Seguiré tu paso... cargando las cosas que más me gustaron: la bisagra y las fallebas; y entre paso y paso, llegado el punto, te deseo dos mil trece auroras de lindos matices.
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luigi rodini

Sab, 12/15/2012 - 10:06
su buen articulo bien se acompana al de su colega rodriguez sobre el parroquialismo, felicitacione x ambos
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rhinoceros

Sab, 12/15/2012 - 06:49
¡Wow! Un escrito reconfortante. Poético y místico, filosófico, lo que sea, pero me robó un suspiro. Gracias.
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Boyancio

Sab, 12/15/2012 - 04:25
Esclavos de la comunicaciones, nena, y de los servicios médicos asistenciales, pues todos nos queremos curar de los males que, por nuestra ignorancia, nos hace olvidar que le medecina preventiva es mejor que la doloriática. Digamos que el sufrimiento le teme al conocimiento, y que lo mejor en la vida es entretener el sartal de neuronas en después de haber explorado todo lo que debemos saber como humanos. ¡conocernos! por dentro, y por afuera, sea el entorno. Bien, Cata, bien...¡pero no dejes nunca de llamarme!
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