Por: Ricardo Bada

Un verso intraducible

En su Diccionario de citas, don Vicente Vega incluye una de Cyrano de Bergerac: “Un point rose qu’on met sur l’i du verbe aimer”. Y añade don Vicente este comentario: “Deliciosa definición del beso que da Cyrano a Roxana en la escena IX del acto III de la famosa obra de Rostand y que preferimos no traducir; realmente, es intraducible”.

“Un punto rosa [que se pone] sobre la i del verbo amar”, esa sería la traducción literal... pero el verbo amar, que en francés es aimer, en cambio en castellano no incluye la letra i, como tampoco la incluyen el italiano amare, ni el inglés to love. Sí la incluye en cambio el alemán lieben, y así pues al alemán podría traducirse: “Ein rosa Punkt auf das i des Verbes lieben”.

Y al neerlandés: “Een roze punt op de i van het werkwoord liefhebben”.

Y también al catalán, donde amar es estimar (lo que real y verdaderamente debiera ser).

Le pregunto a un buen poeta de ese idioma, Valentí Gómez i Oliver, quien me ofrece dos variantes: la normal, “un punt rosa que es posa sobre la i del verb estimar”; y la más culta, “un punt rosa que hom col·loca damunt la i del verb estimar”. Y esta es la que prefiero porque a su vez incluye una ele geminada [l·l], la letra más emblemática del idioma de Guimerá y Josep Pla, y en la que asimismo interviene un punto.

Después no me dio el cuero para seguir investigando si ese verso, intraducible al castellano, sí podría traducirse en otros idiomas (¿pero a cuáles?) gracias a la fortuita circunstancia de que en el infinitivo de su verbo amar figurase la letra i. Aunque me acordé, ay, sí, Nausica mía, de que en griego es agapi. Pero...

Obsesivo como soy, recordé luego que existe una traducción magistral de Cyrano de Bergerac al castellano, debida a un trabajo en equipo del trío Luis Vía, José O. Martí y Emilio Tintorer. Una traducción estrenada el 1º de febrero de 1899, por la compañía de doña María Guerrero y don Fernando Díaz de Mendoza, en el Teatro Español de Madrid, en la Plaza de Santa Ana. Y me fui a buscar allá la traducción del verso de marras y me encontré con esto:

“Un subrayado de color de rosa / que al verbo amar añaden”. Es decir, que ni siquiera una terna de buenos traductores, trabajando en equipo, logró ponerle el cascabel al gato.

Después de lo cual se me ocurrió que sin embargo habría al menos dos posibilidades, dos, de colgarle ese adminículo sonoro al micifuz. Una de ellas sería una traducción elevando el diapasón del amor a la idolatría, una versión superapasionada: “Un punto rosa sobre la i del verbo idolatrar”. Y la otra sería una sencilla versión porno: “Un punto rosa sobre la i del verbo [¡reflexivo!] venirse”.

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