Una campaña descolorida

¿Tiene el proceso de Paz bloqueada la actividad política?

Descontando las vacaciones, faltan apenas siete meses para las elecciones de Congreso y nueve para las presidenciales. Escaso tiempo para perfilar nuevas candidaturas. De propuestas, bien poco, parecería que la expectativa de la Paz fuera suficiente. El presidente ha impuesto la agenda de la campaña, el propio proceso de Paz, y maneja los tiempos, pues tiene a tirios y troyanos, en el mejor de los casos, deshojando la margarita de si se lanza él o Vargas Lleras, dependiendo de si tenemos acuerdos o no los tenemos.

Con la reelección como norma los tiempos en  política se han modificado: el presidente puede iniciar, formalmente, su campaña en el límite, es decir en noviembre. Eso le conviene solamente a él, quien tiene el protagonismo mediático y la herramienta formidable de la ejecución del gasto público .Para los demás, es diferente, incluido Vargas Lleras, su plan B, en cuanto deben hacer conocer  sus propuestas y persuadir al electorado.

La oposición a la derecha no encuentra tema diferente a su negativa a una Paz sin impunidad. Ni siquiera se les ocurre la Paz como argumento electoral. Desde esa orilla, el ex presidente Uribe parece la única voz que se le ha medido a un balance de  la gestión del gobierno marcando sus puntos negativos, pero eso no tiene nada que ver con el endoso de su popularidad o el fortalecimiento de una candidatura Uribista. Los roles de la política en Colombia, por estos días, parecen Invertidos: mientras la oposición Uribista se expresa, casi exclusivamente,  a través de su Jefe, el mismo Uribe, quien no puede ser candidato, los demás pre o candidatos no dicen ni pio.

La derecha Conservadora no logra armar un discurso y se mantiene expectante. La distancia que comienzan a tomar dirigentes como  el ex presidente Pastrana y Nohemí Sanín del gobierno podría indicar que formarán tolda aparte, pero ¿Con quién? . Su alejamiento de la comisión de relaciones exteriores también lo indica, haciendo presumir que podrían convertir el fallo de La Haya en un argumento político, sin que ello alcance para “elevar” un tema de Estado al nivel de un debate que polarice la campaña presidencial. De propuestas en positivo, nada.

Por los lados de la Izquierda, no se observan alternativas diferentes a  las de Clara López y Antonio Navarro. ¿El discurso? El mismo de siempre. ¿Posibilidades o perspectivas de unidad o una estrategia para conseguirla? Por ahora nada.

El Liberalismo parece conforme con la reelección de Santos aunque, dependiendo de las circunstancias, podría respaldar la aspiración de su plan B, el Doctor Vargas Lleras, quien por estos días parece guardar votos de silencio. Está claro que todas las tendencias Liberales, incluidas la U y Cambio Rádical, están “jugadas” con el proceso de Paz, aunque no todas han recibido el mismo trato en cuanto a su participación en el gobierno. Tan solo el ex Ministro Eduardo Verano, querido hombre de la costa, se esfuerza en diferenciarse al  promover una candidatura regional. El gran respaldo, en el Congreso y en la opinión, del presidente Santos, proviene de sus orígenes Liberales y del talante que ha querido mostrar en su gobierno.

¿Nuevas propuestas o programas en esta campaña presidencial? Prácticamente nada, ni siquiera sobre los escenarios que sobrevendrían al proceso de Paz que por ahora parece suficiente para hacer girar a su alrededor toda la actividad política, incluidos los tres millones largos de votantes de los Verdes en las pasadas elecciones y los millones de colombianos que tienen por costumbre abstenerse y que, por lo visto, no dejarán de hacerlo. Es una campaña descolorida.

@herejesyluis

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