Por: Julio César Londoño

Una golfa ilustrada

Montserrat Neira es una española con un currículo singular: licenciada en ciencias políticas, autora de un blog exitoso y prostituta profesional, si se me permite la redundancia.

Tiene 52 años, es alta, rubia y delgada. Su rostro es neutro, ni bello ni feo, pero el conjunto es muy atractivo. Trabajó en clubes y sitios de alterne hasta que decidió trabajar por su cuenta. Entró a la universidad a los 40 años para cualificarse (“ahora necesitas diploma para todo”) y eligió las ciencias políticas porque es una materia que siempre le interesó. “Además, es un tema recurrente de los hombres. El tema. Desconfío de los hombres apolíticos. Son zonzos o vienen a hablar de su mamá. O las dos cosas”.

Una tarde, en la cafetería, les confesó a sus jóvenes condiscípulos su verdadera profesión. “Fue sin pensarlo. Soy muy locuaz. Mi lengua es más rápida que yo. Una deformación profesional, seguramente. Uno de ellos dijo que le gustaba trabajar en la cama. Yo también, les dije, y me solté”.

A su hijo se lo contó antes de cumplir los 18 para que no se fuera a enterar por terceros: “Le dije que todo lo que teníamos se lo debíamos a la generosidad de mis novios ricos. El chico abrió los ojos y le gritó: ‘¡Les sacas la pasta a los tíos, eres una zorra!’. Entonces yo también grité: ‘¡Sí, soy puta, pero no les saco el dinero, no los enredo, les cobro y punto!’. Fue feo. Nos enrostramos cosas, nos dijimos vilezas, pero con los días se tranquilizó. Ahora tiene 32 y hablamos de todo, hasta del trabajo”.

El año pasado publicó un libro que se vendió muy bien, Una mala mujer. La fajilla tenía esta perla: “Nadie puede humillarte sin tu permiso”: Eleonor Roosevelt. (Montserrat me recuerda La puta de mensa, un cuento de Woody de Allen sobre una madame cuyos clientes son hombres que buscan mujeres con cerebro. Su agenda es única. Tiene un equipo de chicas de 18 años expertas en neurociencia, física de partículas o arte medieval; en Kant, Kierkegaard, Steiner o Proust… Algunas están especializadas en un solo libro, incluso en una sola frase de estos autores. (Son las más caras).

Reconoce que al principio era embarazoso pero luego aprendió a disfrutarlo. “La primera vez que me corrí haciéndole una felación a un cliente sentí mucha vergüenza. ¡Ahora con qué cara le cobro a este señor, pensé!, pero él fue muy lindo. Eres una verdadera perra, me dijo, no como esas viejas mecánicas y necesitadas. Entonces me sentí súper. Fue como si me hubieran dado un título”.

El blog (prostitución-visiónobjetiva.blogspot.com.es) es la trinchera para defender su trabajo y luchar por los derechos sociales de las prostitutas, y “contra la pacatería de una sociedad que nos estigmatiza pero es adicta al porno, y contra nuestras peores enemigas, las feministas, que nos miran como traidoras. Esquiroles del patriarcado, nos dicen las muy mamertas en medio del largo bostezo hogareño. Las putas no somos un problema, somos la solución. Respondemos a una pulsión erótica y vital de la especie. El hogar es frígido por definición. El problema es la trata. Eso es violación. Esclavitud. Infamia”.

“Las tarifas han bajado —dice cuando le hablan de la crisis europea—. No es un buen momento para meterse de puta. Yo he tenido suerte. Cobro 200 euros por una hora. Con cinco clientes al mes tengo”.

Montserrat no quiere engañar a nadie. Reconoce que su vida ha sido casi tan dura como la de un obrero, una golfa de calle o una señora de su casa. Por eso al final de la entrevista que le concedió a un reportero de El País Semanal, su voz se quebró y los ojos se le llenaron de lágrimas. “Hay que hablar de esto. Nosotras tenemos que hablar de esto”.

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