Foro El Espectador y Colombia 2020: La inclusión y la educación, pilares para la paz

hace 2 horas
Por: Julián López de Mesa Samudio

Una heroína en Yopal

Hace 20 años, Martha Rodríguez era una joven autónoma, bonita y fuerte que trabajaba como escolta en Bogotá. Nacida en Casanare, Martha posee el carácter indómito de su región y la independencia feroz del Llano; le iba bien en su trabajo, hacía lo que quería, era respetada, se sentía invulnerable.

Sin embargo, toda su fortaleza se puso a prueba hace 19 años, cuando nació su hija. Desde el principio supo que algo andaba mal. Sola, hubo de vivir la lenta agonía de su bebé, viviendo en un hospital de la capital durante meses, en condiciones de extrema penuria. Si la niña hubiese sobrevivido, Martha sabía que habría de vivir en un estado de discapacidad casi absoluto.

Empero, durante aquellos meses tuvo la fortuna de recibir la generosidad de otros, aún más pobres que ella; viéndola llorar de impotencia, pero también de miedo mientras caminaba por las tétricas callejas que rodean el hospital, una tarde un habitante de la calle se le acercó a ofrecerle, sin condición alguna y de ahí en adelante, noche tras noche, pan y techo.

La misericordia que recibió de quienes menos se imaginó le dio fuerza —cuenta ella misma— para conllevar la condición de su hija. Al salir del hospital había perdido una hija, pero se había ganado a sí misma como una mujer nueva y con un firme propósito en la vida: usar todo el tiempo y la energía de que dispusiese, de ahí en adelante, para ayudar, de la forma que fuese, a las personas quienes, como su propia bebé, afrontan algún grado de discapacidad física o cognitiva. Desde hace 19 años, Martha Isabel no ha cejado un solo día en su encomiable propósito. Hace 19 años, mientras su pequeña agonizaba, Martha volvía a nacer.

Al volver a Casanare, su tierra, Martha Isabel se vinculó con la alcaldía de Yopal para apoyar los programas relacionados con discapacidad, pero a partir de 2007 creó la Fundación Azul Profundo, a la cual se ha dedicado desde entonces, literalmente, en cuerpo y alma. Ya desde antes de la creación de Azul Profundo, Martha había sido parte activa del debate, promoción y divulgación de la Ley 361 de 1997, llamada “Ley de Discapacidad”, pero además había gestionado con éxito programas de integración social y de capacitación para los distintos tipos de discapacidad.

Martha Isabel confía que, en un futuro no muy lejano, estas actividades puedan ser el insumo básico con el que contar para crear una industria cultural que les permita a las personas discapacitadas apoyadas por la Fundación Azul Profundo ganarse la vida con el fruto de un trabajo digno y valorado. No obstante, la generosidad de Martha Isabel no termina allí. Pronto, la Fundación abrirá una sede en La Guajira y la idea de su fundadora es seguir expandiéndose por toda Colombia. Desde aquí, desde la Atalaya, haremos lo que esté a nuestro alcance por ayudarle y le deseamos buen tiempo y buena mar en sus proyectos futuros, porque la pasión de Martha es de muy pocos, de héroes. Sólo héroes como Martha tienen la compasión y el corazón para dignificar, sin lástima, a tantos que tienen necesidades especiales.

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