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Columnista invitado 30 Dic 2012 - 11:00 pm

Una historia oscura

Columnista invitado

El historial universal de las independencias demostró lo previsible hasta el cansancio, un engranaje de excesos, una fusión de barbaries, un baño de sangre compulsivo, vesánico, enfermizo, inevitable.

Por: Columnista invitado
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Para el país de George Washington fue igual, pero a niveles extremos. Tanto se alargó y significó la riña en la que ya se vinculaban otras latitudes y otros intereses, que el mezquino y torpe Luis XVI optó por incurrir en gastos y mandó sus tropas a colaborar en la revolución. Préstamo que arruinaría a Francia, cobraría la cabeza del rey y llamaría a otro desborde de la sangre en el reinado del terror.

Así, entre el fragor y la sevicia, entre el estrago y la exageración, nació la nación de las naciones, exacta a las demás, pero estrambótica. El contexto progresivo de los hechos es superfluo, pero en la enumeración de los desastres vibra el ritmo y la marca de su historia. Una sórdida guerra prolongada y extendida entre el norte y el sur; la muerte propiciada del prócer que la silenció, silenciado también en un teatro, mientras observaba una obra teatral con título irónico, Our american cousin; la depresión del 29 en que el afán del arribismo iniciaba los azotes alternos de la morbidez; la guerra de Vietnam, guerra inefable; el asalto a Irak, por esa causa polémica de los aviones que incrustaron sus metales y sus cuerpos en las torres del orgullo. Toda una historia de hipérboles y extrema sangre alimentada en la espiral de la “justicia” y la venganza.

Ahora, la hipérbole es suprema, después de la atracción entendible por las armas, después de la influencia fatal y recurrente del Gobierno en el instinto paranoide y justiciero, ahora que el proyecto nacional de la continua invasión y el exterminio a imaginarios enemigos ha incubado su demencia en esta actual generación que raya en el oscuro nihilismo y los impulsa a disparar con el ejemplo del Estado, el del matón confiado y bendecido bajo el lema sagrado in God we trust, ahora que la acción de la masacre es un lugar común en los estados, con el peso histórico de Columbine, Binghamton, Chardon, Aurora... La asociación nacional del rifle, en la reciente rueda de prensa a la que respondió bajo presión del último desastre de Connecticut, anterior al más reciente en Pensilvania (invisible ante los shows televisivos, por el corto número de víctimas), acepta el alarmante nivel de la demencia general y la urgencia obligatoria a la resolución, pero propone en una hipérbole más increíble y desbordada, como la hipérbole increíble y desbordada del país de Bush, Reagan y Nixon, concederle armas a todas las escuelas, para responder ante las ráfagas psicópatas, “porque la única cosa que frena a un tipo malo con una pistola es un tipo bueno con una pistola”, o sugerir el uso de maletines blindados a sus estudiantes, para que las balas de su propio mercado no atraviesen las espaldas de su última esperanza. Es una historia oscura que asciende a otro futuro innombrable entre cadáveres echados al azar. Toda una historia de ficción, toda una historia de sangre.

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chococruz

Vie, 01/04/2013 - 11:10
El fundamentalismo gringo esta basado en la "ley del mas fuerte", principio universal de la evolución de la vida en la tierra y por eso tan efectivo, el problema radica en si el Estado que lo aplica es ecuanime y justo y no ha sido coptado por los poderes de turno. He ahí el dilema.
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26 Jul - 11:15 pm f

Rostros

Delante de mí, la persiana; después de la persiana, fantasmas: Robert Graves, Baudelaire, Sartre, Camus, Piaf, Storni, Woolf, Cortázar, Borges, Quiroga, y más y más fantasmas que no quieren traspasar la persiana que me obstino en dejar entreabierta. Cierro la ventana y se cierra el mundo, deseo hacer memoria de los rostros de los maestros del pensamiento occidental para reconocer en ellos la alegría de las que tanto nos ufanamos. Paso la página para buscar mejores rostros, más humanos y más sosegados pero, por el contrario, me encuentro con los rostros de Beckett, Artaud, Van Gogh, García Márquez, Castaneda, Carpentier, Rulfo: fantasmas que se evaden por regiones de ilusión, protagonistas de una obra que ha escrito alguien en medio de una vasta soledad. Tal vez si buscamos rostros en el fútbol: Pelé, Maradona, Batistuta, Higuita, Mondragón, Raffo, Goycochea. Más rostros pletóricos de tristezas por sus derrotas. Rostros que aluden al fútbol siempre en falta, con ganas de reír pero con la tristeza profunda de quien nace derrotado: el fútbol es el espacio de la celebración de la desesperanza porque la derrota le gana. Un instante de felicidad mientras se hace el gol, pero un eterno nubarrón porque se acabó el partido y hay derrota. Abro la persiana y el mundo permanece cerrado, una Copa América es un evento americano, pero a Lio Messi le obligan a ser algo más que un futbolista mundial; le exigen ganar siempre porque está en deuda pero, paradójicamente, lo ha ganado todo. ¿Todo? Wilde, Unamuno, Poe, Dostoievski, Maupassant, Balzac, Calderón de la Barca, Vargas Vila, Quevedo, Dante, Moliere, Sófocles, Van Gogh, Cioran y Heidegger. El rostro de Messi, después de la derrota ante Chile, representa el gran triunfo de la caída, el triunfo de quienes caen y ya no quieren renacer. Este rostro me recordó que somos frágiles y que la cacareada felicidad depende de detalles simples (un abrazo, una conquista con los afectos). El rostro de Messi, que se ha hecho viral, es el virus de la dignidad hecha trizas por el fútbol, es deporte en el que todo está en juego: el amor, la locura y la muerte. Messi está lejos de ser un dios y, por ello, no puede ser más: un ser humano con sus debilidades, amores e, incluso, con sus mudeces y rayones “No le pidamos peras al olmo”, las peras no meten goles y los olmos son olmos. El colmo. Es falible, como todos. Lo tiene todo y hoy está vacío. Me duele el rostro de Messi.

25 Jul - 9:00 pm

Un plebiscito cordial

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