Por: Elisabeth Ungar Bleier

Una trilogía virtuosa

“Tiempo para la Justicia, Equidad, Seguridad, Confianza” fue el nombre de la XVII Conferencia Internacional Anticorrupción que se realizó entre el 1º y el 4 de diciembre en Panamá y a la cual asistieron cerca de dos mil personas provenientes de todos los continentes.

Las palabras que contiene el título resumen de manera bastante clara la problemática de la corrupción hoy en día: justicia, porque sin ella es imposible combatir a los corruptos y porque la impunidad se ha convertido en su mejor aliado, permitiéndoles traspasar fronteras y enriquecerse a costa de los sectores más pobres y vulnerables. Equidad, porque derrotando la corrupción se ataca una de las principales causas de las desigualdades sociales, políticas y económicas. Seguridad y confianza, porque con corrupción es imposible construir sociedades libres y democráticas, donde los ciudadanos se sientan seguros y confíen en las instituciones, en el Gobierno, en las empresas y en sus conciudadanos.

No es posible resumir en pocas líneas todos los temas que se trataron durante esos días. Sin embargo, hay uno que cada día adquiere mayor relevancia y pone en evidencia la efectividad de una trilogía virtuosa que ha demostrado ser muy eficaz para combatir la corrupción. Esta se compone de una sociedad civil que se moviliza y exige acciones y sanciones contra los corruptos; un aparato de justicia que los investiga y sanciona, y finalmente, un periodismo de investigación riguroso que destapa y desentraña las maniobras de quienes abusan de su poder para apropiarse de los recursos públicos y de los que les pertenecen a otros para beneficio propio o de terceros.

Casos como los de Guatemala, Honduras y Brasil, para mencionar solamente tres, son ejemplos recientes de esto. En todos ellos la ciudadanía salió a las calles masivamente a demandar que los corruptos fueran investigados y sancionados. La justicia actuó con firmeza y celeridad, les impuso sanciones ejemplarizantes a los culpables, y quizás lo más importante es que no actuó sola: lo hizo en coordinación con otros actores como la Policía de investigación, fiscales, Procuraduría y organismos especializados encargados de combatir la corrupción, como la Cicig guatemalteca. Y los medios de comunicación contribuyeron a aportar información novedosa y útil para darles solidez a las investigaciones y presionar a las autoridades a actuar, abriéndoles además espacio a las voces ciudadanas y acompañando y estimulando su presencia en las calles.

En las últimas semanas, miles de ciudadanos se han movilizado por toda Colombia para exigir que se cumplan los acuerdos de paz. Los avances logrados después del plebiscito, que se tradujeron en la firma de un nuevo acuerdo, son una demostración de que la participación es una vía no sólo legítima sino eficaz para lograr objetivos comunes y para influir en el destino de los asuntos públicos. Este antecedente debe servir de motivación para que la ciudadanía se movilice en contra de la corrupción. Ojalá muy pronto podamos decir que vamos en camino de lograrlo.

* Directora ejecutiva de Transparencia por Colombia.

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