Por: Hernando Roa Suárez

Universidad y proceso de paz. Notas iniciales

Si bien es evidente que la academia ha estado presente en las diferentes convocatorias públicas, en favor de un nuevo esquema de convivencia, es tiempo ya, que se profundice esa intencionalidad en una nueva vocación de servicio: la de contribuir a repensar e investigar los procesos de paz.

Acabamos de ver el magnífico evento al que fue convocada la sociedad civil, para manifestar sus propuestas a los participantes de los Diálogos de la Habana. Significantes reflexiones se organizaron y enviaron allí, con el trabajo de organización realizado por Naciones Unidas y la Universidad Nacional. Pensando ahora en la especificidad de las labores que le son propias a las universidades colombianas (formación, investigación y extensión) ¿Cómo podrían ellas contribuir a crear una nueva cultura de paz que facilite la solución del problema estructural más importante en Colombia en el intervalo 1948 – 2013?

Notemos que los estudios sobre la paz es necesario actualizarlos y profundizarlos. Entre nosotros se han desarrollado importantes reflexiones sobre la dinámica estratégica y coyuntural de la guerra, pero parecería no haberse superado ese discurso y las perspectivas sobre la transformación positiva, han quedado en suspenso, hasta el momento. Complementariamente, sectores de la sociedad civil en su conjunto, han abierto canales de reflexión y acción en torno a la paz, no sólo como expectativa o como ilusión, sino como un marco de entendimiento cotidiano para el desarrollo concreto de la democracia. Al respecto, se me presenta conveniente conocer y estudiar los aportes realizados especialmente por: El CINEP, Arcoiris, IEPRI, ESAP, Viva la Ciudadanía, Red Unipaz, MOE, Plural… y por múltiples labores y acciones de paz, que diferentes grupos, en forma descoordinada, han adelantado en las distintas regiones de Colombia.

Observemos que si bien es evidente que la academia ha estado presente en las diferentes convocatorias públicas, en favor de un nuevo esquema de convivencia, es tiempo ya, que se profundice esa intencionalidad en una nueva vocación de servicio: la de repensar y elaborar los procesos de paz simultáneamente. Esbocemos entonces algunas notas iniciales, a manera de propuestas viables, para vincular las universidades al proceso de paz, desde su especificidad.

Propuestas: 1- Convocar nuevamente el Consejo Nacional de Paz como espacio de participación y de gestión articulado a la construcción de la paz. 2- Una característica de la vocación universitaria debe ser intervenir en el conflicto con una perspectiva transformadora hacia la paz.

3- Realizar análisis e investigaciones universitarias, en conexión con los actores que, más allá de estar inmersos en el conflicto, han venido construyendo procesos paralelos de convivencia pacífica en diferentes espacios locales y regionales. 4- Superar las elaboraciones descriptivas del conflicto y tender, más bien, al planteamiento crítico de escenarios, esquemas y tendencias de paz, con perspectiva regional.

5- Dialogar con los actores en un contexto internacional y con especialistas que hayan desarrollado esa reflexión teórico-práctica en otros contextos. 6- Monitorear los trabajos desarrollados por otros actores, en regiones de países distintos. Este seguimiento permite adentrarse en otras culturas, conocer métodos de racionamiento y técnicas de tratamiento y transformación para la paz *1.

7- Persuadir a los Rectores Universitarios y a las instancias académicas para que, con su capacidad de convocatoria y responsabilidad, se facilite reformular los currículos, tanto en ciencias sociales como naturales, incluyendo espacios académicos vinculados a la construcción de una nueva cultura de paz. Asimismo, agenciar los recursos para preparar a los profesores y a los egresados, para que puedan intervenir en la construcción de la paz con eficiencia y eficacia. 8- Organizar en las universidades diplomados, especializaciones, maestrías y doctorados sobre los distintos aspectos del proceso de paz (liderazgo político, resolución de conflictos, pedagogía de la convivencia, zonas de paz, políticas sociales, relaciones internacionales, y gobernabilidad...).

9- Fortalecer los centros de investigación y los proyectos sobre la paz, haciendo los respectivos seguimientos y produciendo resultados que planteen soluciones realizables. 10- Formar técnicamente grupos profesionales para administrar y difundir –pedagógicamente- las nuevas culturas en torno a la construcción de la paz y el manejo del postconflicto.

11- Celebrar alianzas estratégicas, nacionales e internacionales, para facilitar el surgimiento de una nueva cultura de paz *2. 12- Acudir a la colaboración y el apoyo de instituciones expertas en la problemática de la paz y la solución de conflictos, al estilo de Naciones Unidas y TRASCEND.

13- Examinar y reformular las experiencias y aportes de las universidades públicas y privadas, vinculadas a los procesos de reinserción; y 14- Replantear la formación política ofrecida a los estudiantes, para facilitar su compromiso con los principios de la democracia participativa, los partidos políticos y los movimientos políticos y sociales -de tal manera- que se cree una cultura política capaz de derrotar las prácticas clientelistas y corruptas vigentes.

Como universitarios, no debemos seguir siendo espectadores y la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) y la Red de Rectores Universitarios por la Paz, están invitados a seguir produciendo resultados para facilitar la presentación de alternativas que sean viables de implementación. Las comunidades universitarias están convocadas a intervenir creativamente en el proceso de paz y a no olvidar que: “hacer no es agitarse; es realizar lo difícil”. Nos corresponde intervenir en la más ardua tarea, donde está en juego el destino democrático de nuestra gran Nación. El espíritu belicista debe ser confrontado por una muy bien informada y planeada solución política negociada.

Claro está para los colombianos conscientes, que es indispensable reformular las macropolíticas y alternativas para la paz en Colombia. Como vamos ahora, en 2013, los demócratas colombianos estamos invitados a seguir construyendo una nueva cultura de paz con dedicación y realismo político. Si las FARC están dispuestas a entrar a la lucha política democrática, teniendo en cuenta la valoración de su accionar, habrá posibilidades de paz; si persisten en sus prácticas de los últimos decenios, probablemente serán derrotadas militarmente por los que tienen el uso privativo de las armas en la democracia colombiana. No olvidemos: quienes tenemos un adecuado conocimiento de nuestras regiones, sabemos que la inmensa mayoría de la población, no las apoya… Y también que, por supuesto, en una Nación, con la configuración territorial como la colombiana y el papel que desempeñan en el conflicto el narcotráfico, el paramilitarismo, las bandas criminales, la guerrilla, y sus diversas combinaciones, las FARC tienen aún capacidad de hacer daño, aunque infructuosa, en términos político-estructurales…

---------------

Referencias

*1. Se me presenta de gran utilidad revisar los aportes africanos al respecto. También los de El Salvador, Guatemala y Nicaragua…
*2.Véase El Mundo, Medellín, julio 13 de 1999, p. 2.
 

roasuarez@yahoo.com

Buscar columnista