Publicidad
Fernando Araújo Vélez 6 Jul 2013 - 10:00 pm

El Caminante

Vándalos

Fernando Araújo Vélez

“Degradado, y más que degradado, desgarrado”. Esas fueron sus palabras antes de decirle a su mujer buenas noches, mañana será otro día, darse vuelta y apagar la lámpara. “Degradado”, susurró, ya a oscuras, y recordó la cara de su superior cuando le informó que tenía a su cargo la investigación sobre unos dibujos de Picasso que se habían robado del Museo Central.

Por: Fernando Araújo Vélez
insertar

La noticia saldría a la mañana siguiente en los diarios y noticieros con las recurrentes declaraciones de los porteros, “que no vimos nada”, de la curadora de la muestra, “que ésta es una pérdida irreparable, una afrenta contra la humanidad”, de algún artista, “más que dibujos, se robaron un concepto”, y de algún contraartista conjurado, “el robo, en sí mismo, es una obra de arte conceptual”.

“Vándalos, vándalos”, murmuró a la mañana siguiente el teniente Arévalo, mientras repasaba los periódicos. “Todos vándalos, delincuentes”, dijo, y arrojó el diario lejos. En un tiempo, dos años antes, había redactado un manual de estilo desde las oficinas de la Policía para regalárselo a los periodistas. Órdenes superiores. Para él, vándalo era todo aquel sujeto que protestaba contra el orden establecido. Nunca aclaró quién lo había establecido ni en qué consistía ese orden, a quiénes les convenía, qué argumentos podían tener quienes se oponían, cuáles eran sus luchas, y menos aún, por qué él protegía ese orden y condenaba sin juzgar a aquellos vándalos.

Era policía. Lo fue desde los 16 años, y gracias al deber cumplido había ascendido en la escala social. Si no se hubiera enrolado, seguro sería un vándalo, pensaba de vez en cuando. Para la gente como él no había más opciones. O la ley escrita por la misma mano desde hacía 200 años, o el hampa. Nada de ideologías, nada de idealismos, nada de nada, decía. Él era de los buenos, solía repetir, y si alguna vez había acomodado escenarios después de un crimen, si había inventado pruebas, encontrado falsos testigos o amedrentado a inocentes, si había filtrado información para que los periodistas la publicaran, había sido por defender el orden.

Ahora estaba arrepentido, no tanto por moralismos, pues eso poco le interesaba, “que los vándalos se pudran”, si no por la degradación, pues él, pensaba, el teniente Jesús Arévalo Mayorga, estaba para investigar crímenes, para tratar con vándalos de verdad, no con artisticas que jugaban a los ladrones.

  • Fernando Araújo Vélez | Elespectador.com

inserte esta nota en su página
  • 0
  • 3
  • Enviar
  • Imprimir

Lo más compartido

Publicidad
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio