Por: Antonio Casale

¡VAR rápido, por favor!

La videoayuda arbitral demostró, en el certamen que ganó Alemania, que no es garantía plena de justicia, porque deja al árbitro ese ingrediente subjetivo de la interpretación en jugadas, como los presuntos penales; además de necesitar ajustes como la rapidez en la toma de decisiones para no frenar tanto el juego cuando se requiera su uso. Sin embargo, es una herramienta que hace más justo el juego. Hay situaciones como los fuera de lugar que no dan campo a las apreciaciones del juez. Además, el hecho de poder ver la repetición de una jugada difícil le da un elemento más certero al árbitro. Otra cosa es que el VAR deje expuesta la incompetencia de algunos silbatos, quienes, a pesar de la evidencia, no toman las decisiones correctas.

Pero pasar de disfrutar las bondades que puede otorgar el VAR en la Copa de las Confederaciones a ver con impotencia la manera como Nicolás Gallo se equivocó en el partido que disputaron DIM y Millonarios el sábado pasado, sin que nada lo pudiera hacer entrar en razón, es como pasar de conducir un carro de alta gama con todos los requerimientos de seguridad a montar en triciclo.

Siempre he pensado que los árbitros no se equivocan de mala fe, hasta que se demuestre lo contrario. Ellos no tienen repeticiones y dependen de lo que ven en la calentura del partido, con las pulsaciones aceleradas, muchas veces desde ángulos complicados. Lo mismo pasa con los jueces de línea. Por eso extrañé el VAR el sábado, en ese partido. De haber estado presente, seguramente Gallo se hubiera dado cuenta de la mano clarísima de Mosquera, que significaba un penal para Millonarios, que no sancionó; hubiera valido la jugada de gol anulada a Silva en clara posición lícita, que el juez dio como fuera de lugar, y al menos hubiera reflexionado en la jugada que sancionó como penal a favor del DIM y que como mínimo daba para discutirla, porque el contacto era inevitable en el momento en que Figueroa, el defensor de Millos, salta y Castro, el delantero del Medellín, no.

Por estos días se habla de amañamientos de partidos, sobornos a jugadores y árbitros por apostadores, situación que es investigada por la propia Dimayor y la Fiscalía. Por eso, este tipo de equivocaciones se prestan para interpretaciones de todo tipo. Bien haría la dirigencia del fútbol colombiano en dar el paso hacia delante e implementar el VAR de inmediato. Ramón Jesurún, el presidente de la Federación, fue el precursor de esta herramienta ante la FIFA. Su idea se implementará en el mundo entero más rápido de lo que pensamos. Un lindo mensaje, en aras de la transparencia que busca la Dimayor con las investigaciones que adelanta, sería implementarla en el torneo local. Eso sería coherente.

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