Por: Indalecio Dangond B.

La verdad sobre las alianzas

Son injustos e equivocados los ataques que algunos congresistas y periodistas de izquierda le dieron esta semana a los modelos exitosos de alianzas productivas que se han organizado entre industriales y productores del campo colombiano.

También es una lástima que los medios de comunicación hagan eco a estas mentiras a medias sin antes recoger los testimonios de quienes conforman estos matrimonios empresariales que tantos beneficios han traído a los actores de las cadenas productivas. Estigmatizar este modelo por un par de casos aislados (de miles que hay en el país), es un acto de irresponsabilidad informativa. En todos los negocios, cualquiera que sea la actividad siempre vamos a encontrar argumentos de éxito y fracasos. Nada es perfecto en la vida.

El modelo de las alianzas productivas nace porque el mundo empresarial se está dirigiendo hacia las estructuras participativas, porque con recursos limitados y empleo en decadencia no se puede crecer en soledad. Este modelo está permitiendo a muchas cooperativas incursionar en nuevos mercados, acotar riesgos, eliminar competidores o asociarse y lograr economías de escala. Sus premisas básicas han sido el gana-gana, los valores compartidos y el compromiso con el éxito. Claramente, hay veces que encontramos alianzas estratégicas en un estado de romance sin futuro de casamiento. Esto suele suceder cuando no hay gimnasia social ni comunicación estratégica, ni visiones compartidas.

Hay que tener bien claro que una alianza requiere afinidad entre sus socios. Hay que estudiar si existe complementariedad, cuál es la posición de cada uno en el mercado, la capacidad financiera, el estilo gerencial, si existe una cultura común y confianza mutua. 

Aunque no todas son iguales, el escenario general es el siguiente: El industrial localiza una región apta para el cultivo, luego socializa el proyecto productivo ante los campesinos, se crean las asociaciones o cooperativas, se estructura el crédito, en la mayoría de los casos se les respalda la deuda y se les ayuda a administrar los recursos del crédito a través de una fiducia para que no se gasten la plata en ron. El Gobierno por su parte incentiva estas alianzas otorgando un beneficio del 40% sobre el costo del proyecto y respalda el 80% del crédito a través del Fondo Agropecuario de Garantías.

Otro filtro interesante para garantizar las reglas de juego en una alianza es el contrato entre el integrador y los productores asociados, donde el primero se compromete a garantizar la semilla, prestar la asistencia técnica y comprar la cosecha a precio de mercado. El productor debe aportar la tierra y la mano de obra, cuidar su cultivo, amortizar las cuotas del crédito y vender su cosecha al industrial. Sin ello, Finagro no se aprueba el crédito. 

En Colombia los modelos exitosos de alianzas productivas han sido desarrollados por la Compañía Nacional de Chocolates (60 alianzas que benefician a 5.425 familias en 11.405 hectáreas de cacao), la Compañía Envasadora del Atlántico que trabaja con 2.552 familias productoras de mango, guayaba y maracuyá en 11 departamentos del país logrando procesar 60 millones de kilos de frutas al año y      el grupo Oleoflores S.A (38 alianzas en un área que supera las 36.000 hectáreas de palma de aceite en Tibú y María la Baja). En este caso, los productores son dueños del 49% de la planta extractora de aceite.

Muchos no simpatizan con las alianzas estratégicas porque miden todo por el parámetro de la ganancia inmediata y así el medio se transforma en fin. El día que en Colombia todos los agro negocios se manejen bajo el esquema de las alianzas estratégicas o cooperativismo agrario, ese día dejaremos de ser ineficientes y menos dependientes de  los escasos subsidios del Estado.

@indadangond

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