Por: Antonio Casale

Videoayuda arbitral

La FIFA ha hecho algunas pruebas para establecer, como en la mayoría de deportes relevantes, la ayuda del video para varias decisiones arbitrales. Como es evidente en torneos como la Champions, la UEFA todavía no se ha atrevido.

Algunos piensan que se desnaturalizará el fútbol; es respetable, aunque eso no ha pasado en el tenis, ni en el baloncesto, ni en el fútbol americano y no tendría por qué sucederle al balompié. Además, no hay nada más natural que la permanente búsqueda de la justicia. Las herramientas que puedan ayudar a lograrlo deben ser bienvenidas.

No puede seguir pasando que, en vez de hablar del gran partido de fútbol que jugaron Real Madrid y Bayern Múnich, terminamos hablando de lo mal que lo hizo el juez, que además no cuenta con las mil repeticiones con las que contamos los telespectadores. Es evidente que las equivocaciones del árbitro incidieron directamente en el resultado, como también lo hicieron en aquel juego de la remontada del Barcelona ante el PSG. Pero no podemos sentenciar sin pruebas que los errores fueron premeditados y buscaban favorecer a los dos equipos españoles.

Dicen que con estas ayudas los equipos más vendedores no llegarían lejos y se afectaría el mercadeo. Falso. La experiencia dice que en otros deportes siguen llegando los mejores a las instancias definitivas. Lebron James jugó la final de la NBA el año pasado, Brady el reciente Superbowl y Federer ganó en Australia. Por el contrario, su imagen ni siquiera se discute. Entre más transparente sea el deporte, mejor ponderados estarán sus máximos exponentes.

El temor a romper con lo establecido de parte de la dirigencia del fútbol ya no se puede explicar. La Copa de las Confederaciones volverá a ser escenario de pruebas y en marzo se decidirá si se utiliza en el mundial o no la videoayuda arbitral. Hay que mejorar en aspectos como la velocidad de la herramienta. Todos los cambios requieren de un período de perfeccionamiento, pero el fútbol no puede seguir siendo tan arcaico. Ya es hora de que el resultado del juego no sea consecuencia de los errores arbitrales.

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