Por: Cartas de los lectores

Villavicencio no tiene tren ni tiene tranvía

En la noche del lunes primero de julio recibí un sinnúmero de mensajes de texto y llamadas comentando la noticia presentada en el noticiero de RCN televisión, sobre un supuesto plagio en el Plan de Ordenamiento Territorial de Villavicencio.

Concluían en su mayoría que “se estaba haciendo justicia divina”, “pues aquel que tanto juzgó y pontificó, ahora era señalado por similares hechos”. Me ocupé de escribir esta nota para manifestar públicamente que no estoy de acuerdo con esa rápida y falaz apreciación por las siguientes consideraciones:

Estoy seguro de que el alcalde de Villavicencio no tiene responsabilidad en el supuesto plagio, pues como todos sabemos, la construcción de los instrumentos de planificación territorial, llámese programas de gobierno, planes de desarrollo o planes de ordenamiento, la mayoría de las veces son construcciones colectivas, y en este caso en particular el alcalde creo que ni lo haya leído, pues de haberlo hecho hubiere advertido que en Villavicencio no tenemos vía férrea y muchos menos tren.

Del aparente plagio se responsabiliza a la ligereza de un integrante del equipo consultor que según la administración fue detectado a tiempo.

Por el contrario, lo que sucedió en octubre de 2011 con nuestro programa de gobierno fue perfectamente premeditado por una mente siniestra, que se infiltró un año antes de las elecciones en nuestro equipo programático, para en el momento de la compilación de los diferentes aportes de los sectores sociales al programa, cumplir con su cometido al cambiar el documento original y engañarme, para luego salir a vender la primicia a nuestros detractores, de lo cual me enteré tiempo después.

En esos momentos de crisis, como el que viví en octubre de 2011 ante la noticia del plagio en el programa de gobierno, tengo claro, y así lo hice, que todo líder debe poner la cara ante la opinión pública, y apliqué lo que me enseñaron en casa: “el capitán del barco asume su responsabilidad, responde por todos los pasajeros y es el último que lo abandona”; a diferencia de aquella máxima que recomiendan los expertos en marketing político: “siempre la cuerda se debe reventar por lo más delgado”.

Víctor Delio Sánchez Gómez. Villavicencio.

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