Por: Javier Moreno

Visiones espaciales

Chris Hadfield se asoma por la ventana de su laboratorio y toma una foto de la costa norte de Japón.

Tres horas más tarde envía por Twitter una foto de dolinas en Florida. El miércoles sobrevuela de noche Ankara, la capital de Turquía, y nos recuerda que cinco millones de nosotros viven ahí, entre esas redes de luz.

Hadfield, nacido en Sarnia, Ontario, Canadá, en 1959, y criado con cinco hermanos en una granja entre maizales, vuela sobre La Tierra a 7,71 kilómetros por segundo (¡una vuelta entera al planeta cada 92 minutos!) y actualmente oficia como comandante de la Estación Espacial Internacional, el gran laboratorio en órbita de estudios sobre la vida en el espacio. Lleva cuatro meses allá arriba.

A través de Twitter, Reddit y YouTube el comandante Hadfield nos habla de sus experimentos, sus investigaciones y las curiosidades de su vida cotidiana microgravitacional (cómo duerme, cómo se afeita, cómo se lava los dientes), pero ocasionalmente se asoma por la ventana y nos regala una imagen del paisaje, su gran privilegio: una piedra azul flotante a la vez inmensa y tan pequeña; nuestra nave espacial y nuestra casa.

Las fotos de Hadfield convierten a La Tierra en un gigante manso y abarcable. Con sus instantáneas de ciudades, nubes, montañas y mares, nos invita a tomar consciencia de lo cerca que estamos todos, de lo parecidos que somos y lo mucho que compartimos. Estudiamos el espacio para alejarnos, ganar nuevas perspectivas y entender dónde estamos y qué fue y será de nosotros. De pronto la astronomía es sólo una excusa para observarnos en silencio desde arriba-afuera y apreciar lo que tenemos.

Al tiempo que escribo esta nota Boston se encuentra en estado de sitio. La policía de la ciudad busca a un muchacho checheno de diecinueve años aparentemente implicado en los atentados del lunes. Las redes sociales explotan en una competencia de desinformaciones y supuestos análisis de sus intenciones, identidades y motivaciones. Es confuso y triste. El ansia neurótica por montar una explicación es el verdadero horror, me dice una amiga por correo electrónico. En medio del ruido, sin embargo, Hadfield anuncia que hoy habrá caminata espacial. Mientras espero la transmisión y le doy de comer a mi hija recorro su álbum otra vez. Hay sitios que conozco y otros donde probablemente jamás estaré. Encuentro una foto de hace un par de meses de la pequeña ciudad donde vivo, sitiada por la nieve. Ya la había visto, pero esta vez la estudio con más cuidado. Soy un punto al lado de un río congelado rodeado de la nada blanca. En esa imagen distante encuentro consuelo y calma.

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