Por: Mauricio Botero Caicedo

¡Viva el socialismo!

EL PASADO 15 DE JUNIO EN NUESTRA columna “El ‘Modelo Chino’, pero invertido…”, afirmábamos: “Lo único que el modelo agrario social chavista garantiza es menos soberanía, más dependencia y más vasallaje. Brasil, Argentina, EE.UU. (los grandes productores de grano del mundo) seguirán encantados de tenernos como ‘mercados cautivos’. El socialismo en lo económico, llámese del siglo XIX, XX o XXI, ha sido, es y siempre será un formidable engaño”.

Alardear de profeta no es lo deseable, pero no podemos ocultar la fruición que nos produjo la siguiente crónica que se publicó dos meses después (WSJ Américas, agosto 20/13): “Steve Orlicek, un agricultor de arroz (de Arkansas), está viviendo el sueño americano. Es dueño de una empresa exitosa y se va de vacaciones a las Bahamas. Su buena fortuna proviene de muchas fuentes, pero una de ellas no deja de sorprender: Orlicek es uno de los beneficiarios de las políticas económicas socialistas de Hugo Chávez, el fallecido presidente venezolano que criticaba lo que consideraba el ‘imperialismo’ estadounidense. Es paradójico que las políticas de la revolución socialista de Chávez acabaran convirtiéndose en una fuente de ganancias para los sistemas capitalistas que condenó. Durante sus 14 años en el poder, (Chávez) nacionalizó grandes fincas agrícolas, redistribuyó tierras y controló los precios de los alimentos como parte de su estrategia para ayudar a los pobres. Pero estas políticas hicieron que Venezuela pasara de ser un exportador neto a un importador de arroz, azúcar y muchos otros bienes… Hasta hace poco, Venezuela era en gran parte autosuficiente en carne y café. Ahora, importa ambos productos… En julio, la inflación ascendió a una tasa anual de 42,6%... ‘Hemos perdido nuestra soberanía nacional. Es una vergüenza’, dijo Damian Prat, autor de Guayana: El milagro al revés, un libro sobre la industria venezolana. Esa pérdida ha beneficiado a otros. Las exportaciones de Brasil han saltado a US$5.100 millones en 2012, comparadas con US$800 millones hace 10 años”.

En el artículo de la semana pasada nos preguntábamos ¿Por qué en 2030 seremos más dependientes e inseguros? Al rechazar que los productos alimentarios colombianos tengan un destino diferente al de alimentar la población nacional, los fanáticos del modelo de “soberanía y seguridad alimentaria” plantean un modelo de “autarquía alimentaria”. Lo que la izquierda radical propone es que la totalidad de la agricultura del país se adelante en Unidades Agrícolas Familiares (UAF), extensiones de terreno arbitrarias, que en ausencia de un aforo serio del potencial agrícola, son establecidas más con criterios políticos que técnicos. Como no es ni realista que en las UAF se logre, a costos competitivos, producir ni una mínima porción del trigo, del maíz o de la soya que vamos a requerir, necesariamente, en vez de ‘soberanos’, seremos cada día más dependientes; y en vez de tener ‘seguridad’, cada vez tendremos más inseguridad. Si hoy importamos nueve millones de toneladas de granos, para 2030 estaríamos importando entre 20 y 25 y millones de toneladas.

Ojalá que el Congreso se dé cuenta deque lo que el país necesita es un modelo agrícola en donde se desarrollen de manera simultánea la pequeña, la mediana y la gran agricultura. De condenarnos a una agricultura en parcelas y productos establecidos “por decreto”, tendremos la certeza de que los únicos que van a vociferar ¡Viva el socalismo! son los agricultores brasileños, argentinos y de EE.UU., como el señor Steve Orlicek.

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