Por: Elisabeth Ungar Bleier

Votar en paz, votar Sí por la paz

El próximo domingo 2 de octubre de 2016, los colombianos mayores de 18 años vamos a tener la oportunidad de tomar la decisión política más importante de nuestras vidas.

Una decisión que sin ninguna duda va a marcar un antes y un después para Colombia y para la vida de millones de hombres y mujeres. En primer lugar, para todos aquellos que de una u otra manera fueron víctimas de las violencias que han marcado nuestra historia en los últimos 60 años, en particular las que produjo la confrontación armada entre el Estado colombiano y las Farc. Desde la otra orilla, para quienes empuñaron las armas para combatir a quienes consideraban sus enemigos. Y en el centro del conflicto a quienes observamos en silencio y en ocasiones con demasiada indiferencia lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor.

Pero también es una oportunidad para comenzar a ejercer plenamente la ciudadanía y reivindicar la política como un espacio fundamental para proteger lo público, lo que nos pertenece a todos. Aquello que por décadas ha sido visto como algo ajeno a nosotros, porque se lo apropiaron otros para beneficio personal.

Votar Sí el próximo domingo es el primer paso para reivindicar el derecho y el deber de participar en la construcción del futuro a partir de lo acordado en La Habana. El punto dos, “Participación política: Apertura democrática para construir la paz”, define los lineamientos para ampliar la democracia, para permitir el surgimiento “de nuevas fuerzas en el escenario político para enriquecer el debate y la deliberación alrededor de los grandes problemas nacionales y, de esa manera, fortalecer el pluralismo y por tanto la representación de las diferentes visiones e intereses de la sociedad, con las debidas garantías para la participación y la inclusión política”.

Esta participación no se limita a los partidos y movimientos políticos actuales, ni se agota en la participación electoral. Participar en política significa participar en el diseño e implementación de políticas y decisiones que inciden en la vida de los ciudadanos; hacer seguimiento y monitoreo a las inversiones y recursos públicos; promover y demandar el respeto pleno a los derechos humanos; exigir el acceso a información pública oportuna, veraz y de calidad; crear y ejercer liderazgos representativos. Es el tiempo de una nueva política. De redefinir cómo se llega al poder y cómo se ejerce.

Si gana el Sí, a partir del lunes todos los colombianos tenemos la mayor responsabilidad política de nuestra vida. Tenemos el derecho y la obligación de hacerles seguimiento a los acuerdos de La Habana y a quienes desde diferentes espacios, comenzando por el Congreso, van a implementarlos. Tenemos la oportunidad de hacer uso de los nuevos espacios y oportunidades de participación que se nos abren. De expresarnos libre y responsablemente cuando no estemos de acuerdo, pero también de criticar y de oponernos. Los movimientos sociales y ciudadanos, los partidos y movimientos políticos actuales y los que surjan en el futuro. Quienes están en la oposición. Los que estamos por el Sí, pero también los que están por el No. La mayoría y las minorías. No podemos renunciar a esta posibilidad única y quizás irrepetible.

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