Por: Rafael Orduz

“Vueltiao” y nacionalismo burdo

Las reacciones frente a la importación de cerca de un millón de sombreros “vueltiaos” procedentes de la China parecieran reflejar amor por el patrimonio cultural colombiano y, en este caso, por los indígenas zenúes, los productores.

La reacción de las autoridades, la de un plan de choque para prohibir la comercialización del vueltiao sintético “made in China”, es demagogia que en nada contribuye al bienestar de los artesanos indígenas. Es parecida a la del cuento de la venta del sofá para prohibir la infidelidad. Hace rato el mercado está inundado de mercancías, importadas o de contrabando, que compiten con productos artesanales.

Es obvio que la globalización afecta a los artesanos. Hace años, en 2005, T. Friedman (La tierra es plana, Cap. 9) traía a cuento cómo figuras talladas de la Virgen de Guadalupe, tradicionalmente elaboradas por artesanos mexicanos, eran sustituidas por productos chinos que entraban vía California al famoso santuario de la Virgen en el D.F.

O el caso de los farolitos con una velita (fawanis) que los niños egipcios portan durante el Ramadán, que comenzaron a ser provistos por los chinos desde 2000. Son de plástico y tienen un chip electrónico con melodías religiosas y de series egipcias de televisión, de forma similar a las instalaciones chinas de bombillos para árboles y pesebres que se consiguen acá con el acompañamiento melódico de Jingle bells.

Volviendo al caso de los sombreros, hace mucho que en el mercado colombiano se ofrece toda suerte de chiviados que imitan no sólo el vueltiao, sino otros muy queridos, como el aguadeño.

En la Feria de Manizales que culminó el domingo pasado la oferta callejera de falsos aguadeños, a $30.000 la unidad, fue arrasadora. Unas horas de uso y los sombreros se desbarataban. No se sabe si las réplicas son criollas o importadas, o de contrabando. El contraste de precios y calidad con los legítimos aguadeños es claro. En la feria de artesanías en la capital caldense, en el mostrador de Artesanías de Colombia, los aguadeños de verdad valían entre $70.000 y $90.000, de impecable calidad y elaborados por mujeres desplazadas.

La producción artesanal tiene características complejas. Resulta del trabajo manual y de la aplicación de modelos tradicionales. No hay dos mochilas tayronas iguales ni dos vueltiaos idénticos. Por eso mismo es viva y susceptible de renovarse.

Hay que realizar acciones estratégicas que apunten a cómo preservar el patrimonio cultural que encarna la producción artesanal a la vez que, en el contexto global, se ofrezca valor agregado y alta calidad.

Para ello hay que apoyar al artesano en cadenas globales de suministro que le reconozcan el valor a su producción fuera y dentro del país. Ofrecerle, en el marco de respeto a los modelos tradicionales, el espacio para innovación en diseño, así como para la experimentación con nuevos materiales y nuevas técnicas.

La solución de la venta del sofá es la vía fácil e inocua.

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