Por: Juan Carlos Gómez

¿Y que será de la televisión colombiana?

Desde hace por lo menos 20 años algunos académicos vienen anunciando con cierto gozo la muerte de la televisión. En medio de la magia de internet y de la penetración de la telefonía móvil, muchos pronosticaron que la era de la televisión abierta había terminado.

Se equivocaron. La televisión abierta sigue siendo el medio masivo de comunicación que concentra la mayor audiencia y, como ningún otro, tiene la virtud de conservar el sabor nacional de la información y del entretenimiento, tan decisivo a la hora de cohesionar a un país, o al menos de intentar hacerlo.

Algunos genios de la innovación desprecian a la televisión y piensan que es suficiente que las noticias y la opinión circulen por las redes sociales. Son los mismos fanáticos de las TIC que se creen el cuento de que las primaveras del ciberespacio cambiarán al mundo. Los puristas de la estética se quejan de las producciones colombianas, sin reconocer el valor económico y cultural de hacer televisión dentro de nuestras fronteras. A los críticos despistados les parece que es simplemente un problema de ricos accionistas, el hecho de que la industria de televisión en Colombia esté seriamente amenazada y que la globalización de las redes pueda arrasar la producción nacional.

Por esa razón es tan preocupante lo que sucedió la semana pasada con el futuro de los contratos de concesión de espacios de televisión del Canal Uno. Desde hace 10 años se sabía que el plazo de esos contratos vencería a finales del año 2013. Había pues tiempo suficiente para definir un modelo que garantizara con solidez jurídica la continuidad de las empresas que desde hace décadas vienen haciendo televisión de la más alta calidad.

Cogida de la noche, la Autoridad Nacional de Televisión no tuvo más remedio que meter el futuro de la televisión colombiana en un congelador durante los próximos 40 meses. A pesar de que la medida es fruto, más de la premura que de la prudencia, al menos da tiempo para que —después de la elección presidencial del próximo año— se haga una profunda trasformación del manejo de la televisión en Colombia.

 

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