Por: Óscar Sevillano

¿Y si votamos en blanco?

Por estos días se habla de corrupción y  de los corruptos;  de los daños que causa a la administración pública este tipo de prácticas, etc. No faltan los que buscando votos para sus causas personales en la política se venden como la solución a este mal que carcome a la sociedad en Colombia en todos sus niveles de vida.

Es así como vemos a candaditos de todos los colores políticos, juntos con algunos luciendo de  incoloros, anunciando medidas para combatir la corrupción, señalando al uno y al otro de ser o no ser. También se les ve promoviendo referendos para prohibir la corrupción  que a pesar de estar prohibida, no se ha podido, ni se podrá  evitar,  gane quien gane.

Y no se podrá evitar no porque no exista la voluntad para hacerlo, ni porque no exista en la amplia baraja de candidatos a la presidencia,  personas intachables que puedan abanderar esta lucha, sino porque el sistema con el que se gobierna a Colombia, está diseñado para que cualquier intento que se haga para combatir la corrupción, fracase.

Podemos firmar miles de pactos en piedra o en mármol, hacer miles de referendos, promover marchas, etc.,  y nada va evitar que cualquier apoyo que se preste de parte de algún congresista a determinada iniciativa o proyecto gubernamental, se condicione a las exigencias de  los parlamentarios que se decidan a dar su respaldo al próximo presidente.

Es en este punto donde comienzan a darse todo lo que se conoce como corrupción y es una práctica a la que han acudidos todos los gobiernos en Colombia. Sucede con Juan Manuel Santos y la Unidad Nacional, pero también fue un hecho en la Administración de  Álvaro Uribe Vélez con la coalición de la Seguridad Democrática; como también en la de  Andrés Pastrana con la coalición de la Gran Alianza por el Cambio,  y así sucesivamente.

Si lo anterior ocurre en el Gobierno Nacional a los ojos de los grandes medios y de la opinión pública nacional, imagínense lo que puede estar sucediendo en los municipios y departamentos del país, a los que se les presta atención sí y solo sí, al interior de los sucesos hay sangre y muertos en la escena.

Lo más lamentable de este asunto, es que la cosa ya no se quede en el Gobierno Nacional y el Congreso de la República, sino que haya pasado a  las altas esferas de la justicia colombiana, donde se supone, existe un mayor blindaje para que las investigaciones judiciales no tengan ningún tropiezo.

Es triste descubrir que el poder legislativo, no contento con corromperse mutuamente con el ejecutivo, acuda a este tipo de prácticas con los magistrados de las altas cortes y que este a su vez haya puesto su cuota en la Fiscalía General de la Nación en contubernio con el Fiscal Anticorrupción, quien curiosamente, resulto corrupto. Y si hablamos de los órganos de control tanto en lo nacional como en lo local, podemos terminar llorando.

Analistas y expertos en la materia aseguran que todo parte desde la forma como se elige a estos funcionarios, y si esto es así, la responsabilidad cae sobre los ciudadanos que elegimos al órgano primario en una democracia representativa: El Congreso de la República, quien a su vez elige magistrados, procurador, contralor, etc. En el único caso que no se tendría que presentar casos de tráfico de influencias y clientelismo electoral, es en la Corte Suprema de Justicia, en donde son ellos mismos quienes deciden, pero ya vemos que ni esta se salva.

Es por esto que cada día me convenzo más,  de que esto no lo arregla nadie, por muy buenas intenciones que tenga y por mucho carácter que demuestre, porque al final, el sistema termina amoldándolo y cede a las presiones políticas y como es de esperarse, resulta untado de la misma corrupción que tanto criticó y señaló mientras aspiró a la presidencia a la república.

Creo que de la única manera en como se le daría una lección a la clase política en Colombia y a quienes llegan a  los diferentes órganos del poder para robarse al Estado, es votando en blanco mayoritariamente, obligándoles así a mejorar las prácticas con las que se gobierna este país. Esta es la única manera para hacerles entender a nuestros gobernantes, parlamentarios,  jueces, fiscales, fuerzas militares y de policía,   que los colombianos del común estamos hastiados de los manejos corruptos en este país, que han terminado por manchar las diferencias instancias del poder.

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