Con tono pausado, cabizbajo y visiblemente afectado por la crisis familiar que enfrenta a raíz de sus infidelidades, este viernes el golfista Tiger Woods pidió perdón al mundo por sus equivocaciones y reconoció durante una corta rueda de prensa que haberse alejado del budismo, una filosofía de vida que le inculcó su madre y que practicó hasta hace unos cuantos años, lo llevó a perder el equilibrio y el rumbo de su vida.
“Probablemente mucha gente desconozca que me crié bajo estos preceptos”, advirtió el deportista más rico del mundo, y luego recalcó que el budismo nos enseña que la persecución de las cosas fuera de uno mismo produce infelicidad y una vana búsqueda de la seguridad. “A través de la práctica de esta disciplina espiritual uno aprende a detenerse ante los impulsos. Pero obviamente perdí el rastro de lo que me enseñaron”, dijo bastante afligido.
Esta no es la primera vez que un personaje famoso recurre al budismo para alcanzar la paz espiritual, sanar las heridas producto de un crisis, reencontrarse consigo mismo y acallar su mente; el cantante Ricky Martin y actores como Brad Pitt, Richard Gere, Keanu Reeves y Jean-Claude Van Damme han decidido, en momentos determinantes de sus vidas, volverse seguidores de las enseñanzas de esta religión, que comenzó a predicarse 600 años antes de Cristo y que muchos han adoptado como una forma de vida que combinan con sus creencias y su fe, pues según el Dalai Lama lo primordial es desarrollar un buen corazón y trabajar por ser mejores seres humanos.
Robert Acosta, conocido como el lama Tsultrim Tarchin y quien, silenciosamente, desde 1981 es uno de los principales promotores de la expansión del budismo en Colombia, cree que los famosos recurren cada vez con mayor frecuencia a esta filosofía de vida, debido a que a través de ella es más fácil encontrarles solución a los problemas que los aquejan, “pues aprenden que deben buscarla en su interior y no en factores externos”.
Además, agrega, el budismo trabaja la mente y permite llegar a un grado de entendimiento superior que conduce a una transformación en la manera de percibir y vivir el mundo. Aunque la llegada del budismo a los países occidentales ocurrió a principios del siglo pasado, cada vez son más las personas que deciden recurrir a esta filosofía.
En Colombia, por ejemplo, existen cerca de 20 templos y centros budistas. Dentro de éstos se encuentra el que fundó hace unos años el lama Tsultrim Tarchin, en la parte alta del tradicional barrio de Chapinero, en Bogotá. Allí se reúnen todos los lunes grupos de personas de diferentes profesiones y condiciones socioeconómicas a meditar y a escuchar las palabras del lama para vivir un instante de perdón y de doctrina.
Algunos de los asistentes están dispuestos a adoptar el budismo como su religión y a realizar disciplinadamente sus prácticas como, por ejemplo, vivir como monjes durante 24 horas, meditar varios días de la semana, aprender a respirar, a disipar las emociones o a aliviar la conciencia; realizar acciones para ayudar a los demás y presentar ofrendas de agua y arroz en los templos para pedir por los seres que están sufriendo.
Otras personas, en cambio, simplemente acuden al budismo porque quieren aprender a vivir el presente, a centrar su mente y transformarla de acuerdo con sus ideales y encontrar el camino que les permita traer paz a su alma, esforzarse por no dañarse a sí mismas ni a los demás y, sobre todo, a hacerse responsables de su felicidad y sufrimiento.
En el caso de Tiger Woods lo más importante es recuperar la espiritualidad. “Necesito darle un nuevo enfoque a mi vida para salvar las cosas más importantes que tengo: mi matrimonio y mis hijos”. Para ello Woods, al igual que quienes recurren al budismo, deben ser constantes y organizar su tiempo para poder cumplir con las prácticas que exige esta disciplina nacida en la India hace más de 2.500 años.
Los primeros pasos consisten en levantarse y comenzar el día motivado, pensando que todo va a salir bien y de esta forma será posible no sólo ayudarse a sí mismo, sino a los demás. También se recomienda leer los libros que contienen las enseñanzas budistas, empezar a meditar y si es posible acudir a un centro Dharma para recibir la guía de un maestro.
En los países con una fuerte incidencia del budismo, como el Tíbet y Nepal, son bastante frecuentes los altares, repletos de imágenes, figuras, inciensos y velas. Sin embargo, no son indispensables para quienes quieran practicar esta filosofía. Lo fundamental es poner a trabajar la mente y para eso se necesita método y voluntad. En palabras del lama de origen colombiano Tsultrim Tarchin, “lo más importante es la disposición que se tenga”.
Tal vez pensando en ello es que Woods decidió no ponerle fecha a su regreso a los campos, pues según dijo, por ahora quiere enfocarse en adquirir nuevamente esta disciplina espiritual y lograr, al igual que lo han hecho alrededor de 500 millones de personas que practican el budismo en el mundo, aliviar la conciencia, controlar los impulsos, disipar sus emociones y alcanzar la paz interior que tanto necesita después de estos tormentosos meses de rumores, confesiones y revelaciones que por poco acaban con su matrimonio y tanto han perjudicado su promisoria carrera.

