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| Jue, 08/12/2010 - 23:18

¿Cómo se escribe en la internet?

Por: Internet | Elespectador.com

GRACIAS AL E-MAIL LA GENTE VOLvió a escribirse.

La internet vino a salvar la forma escrita de comunicación intersubjetiva cuando —veinte años atrás— la conversación telefónica amenaza con relevarla casi totalmente. Enviar y recibir mensajes electrónicos es hoy una actividad obligada que nos toma varias horas del día. Sin embargo, las reglas que rigen este género de escritura distan de ser las epistolares. Suena anacrónico, por ejemplo, encabezar un mensaje con la tradicional fórmula “Señor: XX”, punto y aparte.

No hay estudiante (incluido de posgrado) que no inicie sus mensajes con una frase de este estilo: “Buenas tardes profesor”, cuyo cometido es anunciar el segmento del día en que se envía el texto (sin que sea clara la relevancia de este dato). Luego de tan desabrochado encabezamiento —que jamás incluirá la invocación del destinatario del mensaje—, en el mismo renglón y sin mediar signo de puntuación, se va derecho a la enunciación escueta del tema. Una muestra real: “Buenas noches profesor, qué pena tan tarde pero ahí le envío el trabajo…”. “Buenos días, doctor, ya revisé los detalles y los corregí”. La maestra envía este: “Buenas noches hoy le entregué a los niños lo que les toca decir el miércoles”. Y un columnista que se despide de su editor lo inicia así: “Nicolás, no tuve el gusto de encontrarnos personalmente”.

Aquí no tienen cabida las formas protocolarias de la carta oficial y de la misiva comercial. Poco se aplica la gramática y la sintaxis, toda la puntuación —componente vital en cualquier documento escrito— es reducida a la simple coma o a nada. La informalidad toca extremos cuando nos escriben textos tales como: “hola profe, esperando se encuentre super bien, le escribo para consultarle si conoce o ha trabajado el tema” (todo con minúsculas o con mayúsculas fijas).

Prácticamente ha desaparecido el ritual de despedida, aquello de “Atentamente”, “Cordialmente”. Y lo más extraño: el mensaje casi nunca finaliza con la identificación del nombre de su emisor, razón por la cual éste debe ser inferido a partir de la dirección electrónica. Ello puede originar confusión, dado que el nombre del autor y el de quien figura como titular del e-mail no siempre coinciden. Otros, por el contrario, hasta tienen prefijada la información del cargo o los datos profesionales del suscribiente (“abogado especialista en…”); y no faltan quienes se pavonean aclarándonos que su mensaje ha sido “sent from my black berry”.

De lo cual se deduce que el mensaje electrónico representa un género escritural intermedio: entre la forma dialogal y la carta formal, un texto que se mutó a forma conversada. Carece de la inmediatez de respuesta del chat pero tampoco la difiere tanto como en la comunicación por carta.

La frescura y liviandad que caracterizan esta modalidad de escritura no la exoneran de unos códigos mínimos de comunicación. ¿Quién trazará las pautas que disciplinan este nuevo tipo de lenguaje? Tal vez el uso extendido y reiterado de ciertas prácticas y juegos verbales vaya validando algunas normas básicas, hasta que llegue el momento en que una instancia académica las recoja, depure y codifique.

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